AFP/ Volana RAZAFIMANANTSOA
01/18/2017 , 11:59 am

Nada para comer salvo cactus y hojas en el sur de Madagascar, arrasado por la sequía

Anjapaly, Madagascar.- Una cinta negra rodea el estrecho sombrero de Karaniteny: un símbolo del luto que guarda por su hija Vahana, fallecida a los 10 años a causa de la grave sequía, en octubre.

Vahaha murió tras haber ingerido un fruto de cactus rojo, la única planta que crece en el distrito de Anjapaly, en el sur de Madagascar, arrasado por la sequía.

En esa zona, cerca de un millón de personas pasan hambre y necesitan ayuda alimentaria urgentemente, según el Programa Mundial de Alimentos (PMA).

El área, la más pobre de esta isla situada en el océano Índico, se ha visto azotada por varias épocas de sequía desde hace décadas.

Este año, la situación se ha agravado por el fenómeno meteorológico de El Niño, que afecta a los regímenes de lluvia.

Ante esto, los habitantes han tenido que buscar soluciones desesperadas.

“Cacerolas, cucharas, platos, ropa, alfombras e incluso cantimploras. He tenido que venderlo todo para comprar casava (un alimento básico). Pero aún así sigue siendo demasiado caro para nosotros”, afirma Karaniteny, que tiene doce hijos.

Con nada más que llevarse a la boca, la gente vive de los cactus salvajes.

“No comemos nada salvo hojas y frutos del cactus rojo”, asegura Karaniteny.

“Mi hija sólo comía eso, no pudo soportarlo. Cayó enferma. Empezó a perder peso y fuerza. Entonces tuvo diarrea y vómitos al mismo tiempo. Por eso murió”.

Dos de los hijos de Karaniteny emigraron de Anjapaly huyendo del hambre.

“Se llevaron su miseria con ellos”, lamenta la mujer, en la cuarentena, que ahora tiene que cuidar de su nieto, visiblemente malnutrido.

Delgado y con una prominente barriga, tiene cuatro años pero parece que sólo tenga dos.

– ‘Aquí no queda nada’ –

“La consecuencia del hambre es que ya no queda mucha gente aquí”, apunta Tolia Bernard, alcalde de Anjapaly, cuyos 20.000 habitantes han apodado a la ciudad “capital del hambre”.

“Mucha gente ha escapado (…) porque aquí no queda nada”, afirma.

Muchos niños han dejado de ir a la escuela por la falta de comida, afirman los habitantes.

A unos 100 kilómetros de distancia, en la ciudad costera de Andranobory, Sara-Esther, de 50 años, lucha cada día para poder alimentar a sus 10 hijos.

Gana unos 1.000 ariary (30 centavos de dólar) a la semana vendiendo sal en un mercado.

“Con el dinero compro dos tazas de arroz”, afirma. Claramente, eso no basta para una familia del tamaño de la suya.

A causa de la sequía, los granjeros en los siete distritos más afectados de Madagascar perdieron el 80% de los cultivos el año pasado, según el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

El agua potable escasea y a menudo está a varios kilómetros de distancia. En las peores épocas, los habitantes de la zona tienen que caminar durante días para conseguir agua.

Un bidón de 20 litros de agua se vende por entre 500 y 1.000 ariary (entre 15 y 45 centavos de dólar), 25 veces más de lo que vale en la capital, Antananarivo.

Tras cinco meses de aridez, las primeras gotas de lluvia cayeron en Anjapaly a mediados de diciembre y llenaron gigantescas grutas.

La turbia agua no es potable pero Manankay, una habitante de la zona, toma una poca en una cubeta de plástico para llevársela a casa.

“Es con esta agua con la que preparamos la comida pues no tenemos ninguna otra”, dice. “Nos hace enfermar pero tenemos que beberla”.

– Programas de ayuda –

Según la PNUD, se necesitan reparar o construir, al menos, 800 pozos, perforaciones y presas en la región con el fin de abastecer la zona de agua limpia.

Prácticamente toda la población depende de la ayuda alimentaria y el Programa Mundial de Alimentos distribuye paquetes una vez al mes.

“La gente pobre tiene que compartir la poca comida que reciben”, señala el alcalde.

“Si, al menos, hubiera uno o dos repartos por semana, seguiría sin ser suficiente pero al menos habría algo para comer”.

El Programa Mundial de Alimentos asegura que necesita 30 millones de dólares suplementarios para alimentar a los habitantes de la región.

“Dados nuestros recursos, sólo distribuimos medias raciones”, explicó el experto en ayuda de emergencia del Programa Mundial de Alimentos, Jean-Luc Siblot.

En total, se necesitarían 189 millones de dólares y tres años para ayudar al sur de Madagascar a superar los efectos de la sequía, según el PNUD.

 

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