AFP
12/30/2017 , 7:09 pm

Familiares de represores argentinos rechazan medidas de gracia para torturador

Buenos Aires, Argentina.- Hijos de represores de la dictadura argentina (1976-1983), entre ellos la hija del expolicía Miguel Etchecolatz, uno de los torturador más temidos de la época, rechazaron la decisión de la justicia de concederle prisión domiciliaria.

“Volvemos a sentir el perfume del terror. Sentimos el miedo de andar por la calle y de vivir junto a los asesinos”, dijo la agrupación de familiares Ex Hijxs de Genocidas, en la que milita la hija de Etchecolatz, al que consideran “el más ejemplar” de los jerarcas del régimen.

En su escrito, publicado la noche del viernes, la asociación culpa a los “jueces sin escrúpulos que perdieron la conciencia y la memoria” como responsables de la medida de gracia hacia el torturador.

Etchecolatz, de 88 años, acumuló cinco condenas a prisión perpetua desde 2006 tras la anulación de las leyes de amnistía y la reanudación de juicios por delitos de lesa humanidad.

Pero un tribunal le otorgó el miércoles el beneficio de la prisión domiciliaria, debido a su avanzada edad y problemas de salud, de acuerdo al dictamen.

“La pesadilla retorna al barrio, a hogares que conocemos, para recordarnos que alguna vez tuvieron el poder de quitar la vida en nombre del Estado”, agrega la asociación de familiares en el comunicado.

Historias Desobedientes, otra agrupación de hijos de represores, consideró que “desgraciadamente nuestro país está volviendo a épocas más oscuras dejando en libertad a sus ejecutores”.

En su portal de Facebook, la asociación destacó que los condenados “nunca se arrepintieron de nada de lo que hicieron y siguen sosteniendo hoy en día que lo volverían a hacer”.

Tras la salida de la cárcel de Marcos Paz (oeste), Etchecolatz fue llevado en la madrugada del viernes a su casa de Mar del Plata (400 km al sur de Buenos Aires), a solo 400 metros de la residencia de una de las víctimas a las que secuestró y torturó.

Etchecolatz fue director de Investigaciones de la entonces temible policía de la provincia de Buenos Aires entre marzo de 1976 y fines de 1977 y estuvo a cargo de las 21 cárceles clandestinas que funcionaron en ese distrito, el más grande del país.

La decisión de liberar a Etchecolatz despertó una ola de repudio entre organismos de derechos humanos.

“Que esté suelto este monstruo es imposible de entender, pero no vamos a bajar los brazos”, dijo la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela Carlotto.

José Martínez Sobrino, uno de los tres jueces que le concedió la prisión domiciliaria a Etchecolatz había sido denunciado en 2010 por Abuelas por su supuesta participación en la entrega de un bebé robado en 1976, cuando era secretario de un juzgado de menores.

Unas 30.000 personas desaparecieron en la dictadura, según organismos humanitarios.

Un total de 127 hijos de desaparecidos, robados de pequeños por militares o cómplices del régimen, han recuperado su identidad. Abuelas de Plaza de Mayo, que cumplió 40 años en octubre, aún busca otros 300.

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