(Photo by Kim Won Jin / AFP)

AFP
09/04/2019 , 11:12 am

El espejismo del “sueño surcoreano” para refugiados del Norte

SeúlCorea del Sur.- A su llegada a Corea del Sur hace nueve años, la señora Lim creía haber pasado página a la miseria en Corea del Norte pero, más de una vez, esta madre soltera pensó en volver, decepcionada.

Lim forma parte de los 33.000 norcoreanos -en su inmensa mayoría mujeres- que consiguieron refugiarse en el Sur desde hace 70 años para huir de la represión y la pobreza en el Norte.

Con una sociedad democrática y capitalista, la vida en el Sur es muy diferente. La transición es difícil, sobre todo para cientos de madres solteras con dificultades para conciliar vida profesional y familiar.

La vida en Corea del Sur es lo opuesto de lo que me había imaginado”, afirma Lim, que pide ser citada sólo por su apellido.

Recientemente, en un apartamento de Seúl fueron hallados los cadáveres de la norcoreana Han Sung-ok y de su hijo epiléptico de seis años. Al parecer habían muerto de hambre hacía dos meses.

– Trabajos precarios –

El caso causó conmoción en Corea del Sur.

La señora Han había huido de Corea del Norte, donde la gente se muere de hambre, todo ello para morir de hambre en Corea del Sur”, denuncia Heo Kwang-il, que milita por una mejor acogida de estos refugiados.

Como la mayoría de los refugiados norcoreanaos, la señora Lim huyó a través de la frontera china.

Se fue con 24 años a China para ganar dinero y enviárselo a su familia, pero cayó en una red de traficantes de seres humanos que la vendieron a un chino violento con el que tuvo una hija.

Al cabo de cuatro años “de encarcelamiento”, logró huir con su hija a Seúl. Sólo consiguió trabajos precarios y tuvo que confiársela a una institución por no tener a nadie con quien dejarla.

– “Círculo vicioso” –

Pensó en suicidarse. “A veces deseé volver a Corea del Norte”, recuerda en su pequeño apartamento surcoreano. Ahora trabaja como camarera y consigue enviar dinero a su familia a través de intermediarios. Ya no se arrepiente.

Para aquellos que llegan del Norte, vivir en el Sur es un desafío económico y cultural, sobre todo para las madres solteras.

Cuando tienen un hijo, acaban aceptando trabajos a tiempo parcial, inestables”, afirma Kim Sung-kyung que imparte clases en la universidad de estudios norcoreanos. “Es un círculo vicioso”.

El gobierno surcoreano concede a cada nuevo refugiado norcoreano el equivalente a 6.000 euros (6.500 dólares) para ayudarlo a instalarse.

– Individualismo –

Los refugiados pueden aspirar a más subsidios pero la complejidad administrativa disuade a algunos.

Algunos medios de comunicación afirman que la señora Han intentó solicitar ayuda pero un funcionario le pidió que demostrara su estatus con documentos que ella no tenía.

La gente viene al Sur democrático con ‘el sueño surcoreano’ en mente”, pero muchos acaban con depresión, explica Lee Na-kyung quien milita por prestar más ayuda a los padres solteros y a los minusválidos que vengan del Norte.

La señora Lee llegó en 2006 con su marido discapacitado y su hijo. Como tuvieron que gastarse el dinero en tratamientos médicos pronto se quedaron sin domicilio. Ella asegura que salió adelante gracias a su fuerza de carácter.

En Corea del Norte, el Estado es omnipresente y el contraste con el individualismo de la sociedad surcoreana es enorme.

Muchas de las madres solteras que llegan al Sur “no tienen a nadie con quien hablar y se sienten aisladas”, lamenta la señora Lee. “Muchas dicen que en el Norte eran pobres, pero nunca se habían sentido aisladas”.

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