La "isla de los muertos" de Nueva York da la bienvenida a los vivos (Photo by Don Emmert / AFP)

AFP
12/05/2019 , 8:00 am

La “isla de los muertos” de Nueva York da la bienvenida a los vivos

Redacción.- Una isla erosionada en una zona otrora prohibida de Nueva York donde más de un millón de personas están enterradas en fosas comunes anónimas cavadas por prisioneros está a punto de tornarse más accesible.

Durante 150 años, cuerpos sin identificar, indigentes, mortinatos y víctimas de sida fueron enterrados en la isla Hart, de 1.6 km de largo y situada en el Bronx, que se tornó así en uno de los cementerios públicos más grandes de Estados Unidos.

Conocida como “la isla de los muertos” o “la cárcel de los muertos”, el islote es administrado desde hace más de un siglo por el departamento de prisiones, que restringe fuertemente el acceso.

Los parientes de los fallecidos solo pueden visitarla dos días por mes, y funcionarios penitenciarios escoltan a la prensa al lugar solo dos veces por año. La AFP integró el viaje de prensa más reciente.

“No quiero que alguien me diga cuándo puedo visitar la tumba de mi bebé. Quiero ir cuando quiera”, dijo a la AFP Elaine Joseph, de 65 años.

Su hija Tomika tenía apenas un par de días cuando murió en enero de 1978 tras nacer de forma prematura. Ella no pudo visitar su tumba hasta 2014. 

Pronto, esta enfermera jubilada podrá ir regularmente debido al plan para abrir la isla al público, firmado el miércoles por el alcalde de Nueva York, Bill de Blasio.

Es un gran avance en la larga campaña para que este lugar, donde hay carteles en los que se lee “Propiedad de las prisiones – Manténgase fuera”, sea más digno para los muertos y sus familias. 

La isla Hart, en el estuario de Long Island, se convirtió en una fosa común en 1869 luego de que la ciudad la comprara a un terrateniente privado para enterrar a residentes no identificados o pobres.

Unos mil 200 entierros, algunos de personas no identificadas, aún tienen lugar cada año. Los adultos son enterrados en féretros individuales de pino, en grupos de tres, uno encima de otro, mientras los niños son enterrados de a cinco.

Los ataúdes llevan números, no nombres, y no hay lápidas. Pequeños marcadores blancos que indican las fosas señalan los lugares donde están los cuerpos.

 

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