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06/06/2020 , 11:54 am

30 años de derechos humanos en México

—¿De qué se habla, cuando se habla de los derechos humanos? —

(Parte I)

 

“Si la ciudadanía o los miembros de las

sociedades democráticas no poseen una

sensibilidad sociocultural y popular por

 sus derechos o no los conocen,

 es difícil que los defiendan.

 

David Sánchez Rubio

 

Hace 30 años, poco se hablaba en México de los derechos humanos, no formaban parte de los discursos políticos de aquellos tiempos, menos de los programas de los partidos políticos; no estaban en el vocabulario de miles de mexicanos; menos aún eran un tema que se hubiera tenido que explorar en las universidades y escuelas. Lo que se sabía como ciudadano de a pie es que en la propia Constitución se encontraban las garantías individuales, pero no los derechos humanos. Las sentencias de los juzgados y tribunales mucho menos pronunciaban esas palabras. Fue a partir de la creación de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (el 6 de junio de 1990) que poco a poco se empezaron a mencionar dichos derechos humanos. Sin embargo, el primer problema que atraviesan hoy los derechos humanos en México es que no se sabe de qué se habla, cuando se habla de los derechos humanos.

La creación de la Comisión Nacional de Derechos Humanos en México, desde luego, fue un detonante para el impulso de ellos. Una vez que el organismo formó parte de la Secretaria de Gobernación Federal, se dio un impulso a los mismos. Algunos sostienen que el organismo fue creado por presión internacional a México, ante las graves violaciones de derechos que se sucedían en esos tiempos; otros sostienen que fue parte de los requisitos para, posteriormente, firmar el Tratado de Libre Comercio con los países de América del Norte. Sin embargo, cualquiera que sea el origen de ese organismo, lo cierto es que provocó que la población y las entidades del gobierno voltearan a ver, por lo menos, de qué se hablaba, cuando se hablaba de los derechos humanos.

Ahora bien, el principal problema de los derechos humanos, a treinta años de la creación del organismo del gobierno federal que vela por ellos (y que, posteriormente, provocó la instauración de las comisiones de cada entidad federativa), es la pregunta de: ¿Qué se entiende por derechos humanos?; pues, desafortunadamente, lo que ha sucedido con el paso del tiempo es que se ha desbocado el uso de ese concepto. Tanto que pareciera que se ha usado más como simple discurso político que entendido como el fin que pretenden ser. Por ello es que el profesor portugués Boaventura de Sousa Santos ha sentenciado que: “La gran mayoría de la población mundial no constituye el sujeto de los derechos humanos, sino más bien el objeto de los discursos sobre derechos humanos” (Santos, Boaventura de Sousa, Si Dios fuese un activista de los derechos humanos, Madrid, Editorial Trotta, 2014).

Así, uno de los grandes problemas para hacerlos efectivos es, en primer lugar, la delimitación de estos; pues —como han sostenido los críticos al respecto de la efectividad de ellos— ¿la población cómo los hará efectivos si no los conoce? Debido a ello, en la actualidad, los discursos mencionan la existencia de los derechos humanos como si todo mundo supiera de qué se tratan, como si todo ciudadano los conociera. Los partidos políticos de cualquier inclinación hacen mención de ellos, los candidatos de cualquier cargo público son su voz y, así, los diputados, senadores, secretarios de despacho; incluso, las propias sentencias de los tribunales los citan permanentemente. De esa forma, desafortunadamente, se ha neutralizado su efectividad y tristemente, se han vuelto un mero discurso; siendo esto, por tanto, un mal grave, sobre todo, en nuestros países de América Latina.

Por ello, en América latina, se ha desarrollado en los últimos tiempos una serie de teorías, pensamientos y practicas para poner en marcha por lo menos la exigencia de estos derechos humanos en pos de la población, a lo que se ha denominado como “las teorías criticas del derecho”, en donde uno de los profesores más activos al respecto, el brasileño Carlos Antonio Walkmer, sostiene de los derechos humanos que: «Hay que desarrollar una concepción de derechos humanos que no sea meramente formalista, estatista y monocultural […]. La unión de la “teoría crítica” con la práctica de los “derechos humanos”» (Teoría crítica del Derecho desde América Latina: México, Ciudad de México, Akal México, 2017). Lo cierto es que, a 30 años de la creación de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, poco se ha avanzado en su efectividad y en la concepción que el ciudadano de a pie tiene de los derechos humanos, quienes, precisamente, son los primeros que deberían conocerlos para exigirlos. Allí está el reto.

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