
Trump manda submarios nucleares a territorio Ruso

Desde hace días, el mundo está lleno de ruido. Uno sordo: el de las amenazas que vienen del norte y el este, entre un hombre que cree tener el poder del cielo y otro que lo perdió, pero no se resigna.
Dicen que Donald Trump, el presidente de los Estados Unidos, ha mandado dos submarinos nucleares a regiones que no nombró. Solo dijo que son “las apropiadas”. Dijo también que lo hizo porque el expresidente ruso Dmitri Medvédev, ahora vice del Consejo de Seguridad en Moscú, anda hablando como quien lanza cerillos en un campo seco.
Todo empezó con un ultimátum. Trump le dio diez días a Rusia para detener la guerra en Ucrania. Y Medvédev, con esa forma de hablar que tienen los hombres que ya no tienen cargo pero sí rencor, respondió que cada ultimátum es un paso hacia la guerra. No con Ucrania, dijo. Sino con Estados Unidos.
Y ahí fue cuando el polvo se alzó.
Trump, en su red social Truth, que funge como una suerte de cuarto de eco, dijo que las palabras importan. Que a veces traen consecuencias que ni uno imagina. Lo escribió como si fuera una súplica, pero con la voz de quien reza un Padre Nuestro con un cuchillo en la mano.
Medvédev respondió diciendo que Rusia no es ni Israel ni Irán. Que si Estados Unidos cree que puede jugar con ellos, se equivoca. Habló también de una “mano muerta”. Algunos dicen que se refería al sistema ruso que lanza bombas nucleares aunque ya nadie quede vivo para apretar el botón. Esas cosas que hacen que el aire se ponga pesado aunque no haya pasado nada todavía.
‼️🇷🇺🇺🇸TENGA, PARA QUE APRENDA:
“RUSIA tiene toda la razón y continuará su propio camino”, — MEDVÉDEV respondió a la publicación de TRUMP▪️ DMITRI MEDVÉDEV comentó las declaraciones de DONALD TRUMP, quien calificó la economía de RUSIA e India como “muerta” y a MEDVÉDEV mismo… pic.twitter.com/LOPpLe5NyQ
— CARLOS AGUIAR – GEOPOLÍTICA (@Geopolitik_2030) July 31, 2025
Mientras tanto, Trump habla de muertos. Dijo que han muerto más de 112 mil soldados rusos desde enero. Que Ucrania también ha perdido a los suyos, aunque menos. Que todo esto es una guerra que no debió ser. Pero ya es. Y él, dice, solo quiere detenerla. Lo dice con palabras que no calman.
Así que ahí están los submarinos. No se ven, pero están. Debajo del mar, con hombres adentro que no duermen. Esperando órdenes que quizás nunca lleguen, o quizás sí. Porque ahora el mundo se mueve con silencios que matan.
Y mientras dos hombres juegan con fuego desde sus escritorios, los muertos siguen contándose en este tablero de ajedrez que es la política mundial.
Quién sabe qué pasará cuando se cumplan los diez días. Quizás nada. O quizás algo que haga que ya no queden ni palabras. Solo humo.