El brutal asesinato de los artistas colombianos Bayron Sánchez Salazar (B-King) y Jorge Luis Herrera Lemos (Regio Clown) en el Estado de México ha encendido las alarmas en Colombia y México. Los cuerpos fueron hallados el 17 de septiembre en Cocotitlán, desmembrados y con un mensaje atribuido a La Familia Michoacana, lo que apunta a un ajuste de cuentas entre cárteles.
La historia se complica por las declaraciones que B-King hizo en 2022, asegurando ser sobrino de Camilo Torres, alias “Fritanga”, cabecilla delClan del Golfo, la organización narcotraficante más poderosa de Colombia. Aunque el propio Fritanga negó un parentesco directo, la sombra de los vínculos entre grupos colombianos y mexicanos vuelve a escena. No olvidemos que “Otoniel”, fundador del clan, confesó haber trabajado durante años con el Cártel de Sinaloa y el CJNG.
Según la investigación, los músicos fueron vistos por última vez en un gimnasio de Polanco. Más tarde se dirigieron a un encuentro con un supuesto “comandante”. Ahí se perdió el rastro. Días después aparecieron muertos. La hipótesis de que cayeron en medio de una disputa criminal parece la más sólida.
El presidenteGustavo Petroexigió a su homóloga mexicana, Claudia Sheinbaum, esclarecer el crimen. Mientras tanto, la repatriación de los cuerpos tardará semanas. Este caso revela, con crudeza, cómo el narcotráfico sigue cobrando vidas jóvenes y tendiendo puentes macabros entre Colombia y México.