
Redacción
Qué inicio de año tan movido ¿no? Si frunciste el ceño después de leer esto, relájate porque ¿De qué sirve una tragedia si no podemos agarrarle el chiste? A las 7:58 de la mañana un sismo de magnitud 6.5, con epicentro cerca de San Marcos, Guerrero, sacudió al país y, como ya es costumbre, no solo movió edificios, ni casitas de adobe: grupos de WhatsApp y a las mentes m´’as creativas y perversas de X. La alerta sísmica sonó en la Ciudad de México y, durante esos segundos eternos, todos fuimos exactamente la misma persona: alguien pensando “Va a suceder otra vez”.
Las autoridades hicieron lo que les toca. Helicópteros en el aire, protocolos activados, gobernadores dando reportes, Protección Civil recordándonos —una vez más— que no corramos, que no gritemos y que tengamos lista la mochila de emergencia que casi nadie tiene completa. El mensaje institucional fue claro: calma, revisión y evaluación. Hasta ahora, sin daños mayores que lamentar. Y eso importa. Mucho.
Pero mientras el Estado hacía su parte, el otro gran poder de este país también entró en acción: el humor. Porque si algo ha perfeccionado México —además de sobrevivir— es la capacidad de reírse en medio del susto. Minutos después del temblor, las redes sociales ya estaban llenas de memes: el gato aferrado al sillón, el perrito con cara de “ya me voy”, el clásico “no fue temblor, fui yo levantándome”, y, por supuesto, la infaltable comparación entre quien evacúa en pijama y quien baja con casco, mochila y cara del Shocker después de una noche loca en el Baby O.
No es frivolidad. Es mecanismo de defensa. En un país acostumbrado a convivir con la incertidumbre —sísmica, económica, política— el meme funciona como válvula de escape. Nos permite decir “tengo miedo” sin decirlo. Reírnos sin negar la gravedad. Convertir el temblor en algo anecdótico más que en el algo trágico.
El sismo de este 2 de enero no dejó tragedias mayores, pero sí dejó material de chistes. Videos de lámparas bailando, capturas de chats familiares entrando en pánico coordinado, oficinas evacuadas con más orden que nunca y la eterna discusión: ¿sonó o no sonó la alerta? Todo eso alimentó una narrativa digital que, en cuestión de horas, se volvió colectiva.
Esta nota no va del sismo como fenómeno natural. Para eso están los reportes técnicos. Va de lo que pasó después. De cómo, una vez que la tierra se calmó, el país hizo lo que mejor sabe hacer: procesar el susto con ingenio, sarcasmo y creatividad brutal:
Buenos días gente bella de México, 2026 nos despertó. #Temblor pic.twitter.com/MM0cit54oZ
— mily (@ichbinmily) January 2, 2026
Imagínense a las víctimas del terremoto de México en 1985 viendo como a la gente no le gusta el sonido de la alerta sísmica y se quejan porque los despertó #Temblor #sismo pic.twitter.com/0N7dgySC0N
— KikeDrums🇮🇹🔴⚫ (@KikeDrumOficial) January 2, 2026
Yo ahorita viendo todos los memes por el #sismo #Temblor pic.twitter.com/kfNsGwUIKl
— brillo de luna🌙 (@AndineMoraq) January 2, 2026
Yo en mi cuarto porque estaba dormido cuando sonó la alarma #sismo #Temblor pic.twitter.com/BWZM9VnB0E
— kotvls (training arc)🖌️💔 (@t0ksiv) January 2, 2026
A todos los que pusieron “2026, sorpréndeme” 👇🏻#Temblor pic.twitter.com/lAkOkSFZ1u
— Kar (@SoyKaricatura) January 2, 2026






