
Cuba exhibe a sus caídos tras bombardeos de EE.UU.
Redacción
La publicación de los nombres y las fotografías de los soldados cubanos muertos durante los bombardeos estadounidenses en Venezuela no es un gesto menor ni un simple acto de duelo. Es, ante todo, un mensaje político. El Gobierno de Cuba decidió este martes poner rostro y biografía a 32 combatientes que, según su versión oficial, murieron “en férrea resistencia” durante la operación militar ordenada por Donald Trump que culminó con la captura de Nicolás Maduro y de su esposa, Cilia Flores.
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De acuerdo con el portal oficialista Cubadebate, los fallecidos pertenecían al Ministerio del Interior y a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba. Entre ellos figuran dos veteranos de alto rango: el coronel Humberto Alfonso Roca Sánchez, de 67 años, y el coronel Lázaro Evangelio Rodríguez Rodríguez, de 62. La narrativa cubana los presenta como víctimas de un “acto criminal de agresión y terrorismo de Estado” perpetrado por Estados Unidos contra la “hermana República Bolivariana de Venezuela”.
Más allá del tono épico, el dato central es otro: Cuba reconoce públicamente la presencia de personal militar propio en territorio venezolano en el momento del ataque. Lo hace, además, justificando esa presencia como resultado de una solicitud expresa de las autoridades del país sudamericano. El reconocimiento despeja dudas, pero también abre interrogantes sobre el grado de involucramiento cubano en la estructura de seguridad del chavismo y sobre los límites de esa cooperación.
Las cifras tampoco cuadran del todo. Mientras La Habana habla de 32 cubanos muertos, reportes no oficiales elevan el número total de fallecidos a cerca de 80 personas, entre civiles y militares, durante la madrugada del sábado. La agencia AP, citando al fiscal general venezolano Tarek William Saab, habla de “docenas” de soldados venezolanos caídos. En este contexto, la verdad completa sigue fragmentada, atrapada entre comunicados oficiales y versiones parciales.
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El Ejército venezolano, por su parte, difundió un video en redes sociales con un discurso que no deja espacio para la ambigüedad. Los muertos son presentados como “mártires de la dignidad nacional”, caídos en defensa de la soberanía frente a una agresión “vil y traidora”. El mensaje no sólo honra a los fallecidos: reafirma la narrativa de resistencia y anuncia que la lucha continúa, con un llamado explícito a rescatar a Maduro.
Este cruce de homenajes, consignas y acusaciones ocurre mientras Estados Unidos asume un papel central en la transición política venezolana. La detención de Maduro no cerró el conflicto; lo reconfiguró. Ahora, el eje del debate ya no es únicamente el futuro del poder en Caracas, sino el alcance real de la intervención extranjera y las consecuencias humanas de esa decisión.
Los nombres publicados por Cuba cumplen así una doble función. Humanizan una tragedia, pero también refuerzan una posición política. En medio de la confrontación geopolítica, los muertos se convierten en símbolos. Y cuando eso ocurre, la posibilidad de una lectura fría y racional de los hechos se vuelve cada vez más difícil.







