
David Bowie y sus personajes: la reinvención como método creativo
Redacción
A diez años de la muerte de David Bowie, ocurrida el 10 de enero de 2016, revisar los personajes que construyó a lo largo de su carrera permite entender algo más que una estrategia estética. Bowie no creó alter egos para provocar ni para esconderse, sino para avanzar. Cada identidad fue una herramienta creativa que le permitió explorar ideas, sonidos y estados emocionales que, de otra forma, quizá no habría podido abordar.
Ziggy Stardust, presentado en 1972, fue el primer gran punto de quiebre. Un extraterrestre convertido en estrella de rock que llega a la Tierra con un mensaje apocalíptico y termina devorado por su propia fama. En The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars, Bowie articuló una narrativa clara sobre la celebridad, el exceso y la fragilidad del ídolo. No era solo un personaje visual: era una historia completa, con principio y final.

Un año después apareció Aladdin Sane. Más que una continuación, fue una distorsión. El rayo en el rostro simbolizaba una mente fragmentada. El disco del mismo nombre mostró a un Bowie más tenso, más consciente del éxito y de sus costos. La locura dejó de ser una metáfora lejana y se volvió un tema personal, marcado por experiencias familiares y por el ritmo acelerado de la fama.

Con Diamond Dogs (1974), Bowie presentó a Halloween Jack, un sobreviviente de un mundo en ruinas. El glamour cedió espacio a una estética más áspera. Influido por la idea de una sociedad colapsada, el personaje reflejaba un entorno violento y desordenado. Era el cierre de una etapa y el inicio de otra, menos teatral y más política.

El momento más oscuro llegó con el Delgado Duque Blanco, entre 1975 y 1976. Elegante, distante y emocionalmente vacío, este personaje coincidió con un periodo de adicciones y desconexión personal. Musicalmente, Bowie exploró el soul y el funk, pero el trasfondo era inquietante. El Duque Blanco no fue una celebración, sino una señal de alerta que llevó al artista a replantear su vida y su obra.

El último personaje, el Profeta Ciego de Blackstar (2016), cerró el ciclo. Sin discursos grandilocuentes, Bowie enfrentó la muerte con una lucidez notable. No hubo anuncio ni redención, solo conciencia del final.

Los personajes de Bowie no fueron disfraces intercambiables. Fueron etapas necesarias de un proceso creativo basado en el movimiento constante. Para Bowie, quedarse quieto no era una opción.







