
Contagiar
Siempre he tenido la idea, cuando me preguntan si un entrenador me parece bueno o no, que hay entrenadores “buenos” / acordes para cierto tipo de equipos.
Ejemplos típicos podrían ser el de Zidane; sin duda era el mejor entrenador para ese Madrid multi campeón de Champions, o aquellos que dudan de Guardiola poniendo en tela de juicio su capacidad hasta no verlo hacer jugar a un Getafe (que está claro que Bordalas es otro que confirma mi teoría) o a un Burnley como jugó su Barcelona o como juega el City. Pep es, sin duda, el mejor entrenador para, con determinados recursos, hacer esa clase de futbol.
Así nos podríamos seguir, a lo que voy es que para cada entorno/necesidad, existe un tipo de gestión/liderazgo ideal, cuando convergen (nunca considero que sea coincidencia, apelo al buen análisis de los directivos responsables) ambas es normalmente el primer paso de las historias y proyectos deportivos exitosos, al menos en futbol que es de lo que conozco un poco más, pero estoy seguro que en cualquier otro medio sucede lo mismo.
Javier Aguirre es el entrenador ideal para liderar a la Selección Mexicana para este mundial.
Tomando como referencia lo expuesto en el párrafo introductorio no tengo duda, el “Vasco” es el adecuado, tiene lo necesario: experiencia, jerarquía, aplomo, conocimiento y respeto del entorno (jugadores, competencia, medios, afición, directivos e incluso líderes sociales) para un entorno que demandará toma de decisión bajo continua presión, capacidad de análisis y respuesta en tiempos cortísimos, contención de grupo, “accountability” (disculpen el anglicismo, pero me cae que no hay palabra en español que lo defina), entre muchas otras.
El proceso (los 4 años de ciclo mundialista), mirando en retrospectiva, es 100% mejorable, pero ante la realidad, el presente y las demandas, quien tomó la decisión de nombrar a Aguirre como el Director Técnico, en mi opinión acertó, y, el pasado miércoles 18 de febrero, durante un desayuno en la oficina de nuestro Gobernador Alejandro Armenta, que tuve la oportunidad de ser invitado, reafirmó, con un simple pero profundo comentario lo que yo percibía con la limitada información que antes tenía.
Durante el desayuno, hablando de temas variados, pero, sobre todo, de las experiencias de Aguirre tanto como jugador (metió gol en el Cuahutemoc en el mundial del 86) como entrenador (recordamos cuando dirigiendo al Atlético de Madrid enfrentó al Puebla que Chelis dirigía en un partido amisto) en Puebla, en un momento el Gobernador le preguntó cuál era su objetivo para la selección durante el mundial.
Sin dudarlo, casi como si estuviera pensando que le hicieran esta pregunta, Javier respondió (citó textual): “quiero lograr CONTAGIAR a todos los jugadores de lo que yo sentí en el mundial del 86 durante el himno nacional, siendo sedes, con el estadio Azteca lleno y todo el país apoyándonos. En toda mi carrera dentro del futbol profesional no hay momento que se le acerque ni tantito a lo que yo sentí en ese momento. Aspiro y pondré todo de mi parte en todos estos meses previos en preparar al equipo para tan afortunado momento que vamos a vivir”. Como entrenador me emocioné (al final a mí me logró contagiar al instante) con su respuesta.
La respuesta “esperada” tal vez iba por algo como “que entiendan el modelo de juego”, o algo del tipo “que comprenda el plan de partido y sus roles”, pero no, apelando a su experiencia, lo tiene claro: el líder quiere servir, buscará ser una herramienta de apoyo para que sus dirigidos puedan gozar (me queda claro que con extremo profesionalismo) de ese momento que, al menos para él, tras una extensísima carrera, ha sido el clímax de su caminar.
Nadie como Javier Aguirre, con dos mundiales dirigidos y un mundial como jugador y siendo sede, mejor para entender y realizar todo el plan para sustentarlo, que todo parte de un sentimiento, de que, en ese justo momento que suene el himno, donde todo es emocionante y pensamiento ya que hay nulo movimiento, los jugadores puedan disfrutar, sentirse honrados, a sabiendas que el plan, sus responsabilidades, roles dentro y fuera de la cancha, plan de partido, aspectos técnico-tácticos específicos, están clarísimos, debido a un correcto análisis y la puesta en práctica durante entrenamientos y partidos.
NO es un “vamos a disfrutar” sin sentido, es un “vamos a disfrutar porque, en ese preciso momento, el trabajo ya estará hecho, solo será cuestión de llevarlo, con todo el convencimiento posible, a la práctica”.
Suena fácil, lo menciona con naturalidad, pero él, porque ya lo vivió y porque cuenta con los recursos necesarios, sabe que su equipo no tiene mayor fuerza que enfocar, dirigir, verter esa energía provocada durante el himno en un plan del cual todos tengan claridad y su rol completamente asumido.
¿Quién va a aguantar la presión? ¿Cómo reaccionarán los jugadores ante semejante fenómeno/presión/expectativa social que va provocar México siendo sede en un Mundial?
Son preguntas que, estoy seguro, Javier, como líder del proyecto NO (con mayúscula) se hace; en cambio, la única pregunta que, me quedó claro, ronda por la cabeza a cuatro meses del mundial es: ¿qué puedo hacer YO, máximo responsable, para contagiar a todos los jugadores que lo que están próximos a vivir va a ser uno de los momentos más felices de su vida?
En el análisis, aceptación de los recursos, confianza en su equipo de trabajo, manteniendo como base el factor humano y haciendo uso de sus conocimientos seguramente encontrará las respuestas.
Éxito Javier, y cuyas gracias; seguramente para ti fue natural, pero las casi cinco horas de convivencia el pasado 18 de febrero para mí fueron un privilegio.






