Mundial 2026

El hospital azteca

23 marzo, 2026 11:31 pm
Tribuna Deportes

El Mundial se acerca…

pero hay algo que no suena a fiesta.

Suena a monitor.

A sala de recuperación.

A silencio incómodo.

Hoy, el latido del Mundial no viene de un estadio…

viene del Hospital Azteca.

Porque mientras el reloj avanza sin piedad, hay otra carrera que se juega lejos del balón:

La de volver a tiempo.

Y en esa carrera… México va contra reloj.

La lista empieza a pesar.

Hay nombres que prácticamente ya están del otro lado de la línea.

Casos como Malagón, Marcel Ruiz y Chiquete Orozco…

que más que perder un lugar, están viendo cómo se les escapa un Mundial.

Y eso no se reemplaza.

Pero lo que más inquieta… es lo que todavía está en el aire.

Edson Álvarez no es solo un jugador… es el equilibrio.

Y hoy, su estado genera más preguntas que certezas.

Rodrigo Huescas representa esa energía joven que rompe partidos…

pero hoy, esa explosividad depende de cómo responda su cuerpo.

Y luego están esas lesiones que no hacen ruido… pero desgastan.

La pubitis, esa enemiga silenciosa que no suelta ni a Gil Mora ni al Chino Huerta.

Porque esas no salen en la repetición…

pero se sienten en cada arranque, en cada cambio de ritmo.

También están en esa zona gris Julián Araujo y Mateo Chávez,

peleando contra algo más complejo que un rival: el tiempo.

Días.

Sesiones.

Decisiones médicas.

Todo cuenta.

Pero en medio del parte médico…

también hay latidos que regresan.

Santi Giménez vuelve a pisar la cancha con el Milan…

y con eso, devuelve algo más que minutos: devuelve esperanza.

Y Luis Chávez está a nada de hacer lo mismo.

A nada de levantar la mano y meterse, otra vez, en la conversación.

Y eso cambia el pulso.

Porque el Mundial no espera a nadie…

pero también tiene memoria para las historias de regreso.

Hoy, el latido no viene de un gol.

Viene de una recuperación.

De una rehabilitación.

De un “sí llego”.

Hoy, el Mundial se juega en camillas, en terapias, en días contados.

Y mientras tanto… nosotros esperamos.

Esperamos que el Hospital Azteca se vacíe.

Que los nombres regresen a donde pertenecen.

Que el miedo se convierta en grito.

Porque cuando ruede el balón…

ya no importará el dolor, ni el proceso, ni la duda.

Solo importará una cosa:

estar ahí.





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