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Mantienen engrillados de Atlixco una tradición de fe con casi 90 años

3 abril, 2026 10:33 pm
Redacción Tribuna

Los engrillados de Atlixco cumplen un año más de tradición. Se trata de una práctica con cerca de 90 años de historia, que se remonta a aquel momento en el que salió el primer engrillado, José Muñoz Ariza, en el barrio de San Juan de Dios, como penitencia porque, según se decía, “lo azotaba el muerto”.

Antes de fallecer, Isidro Camarillo, propietario de la panadería Sagrado Corazón de Jesús, relató a este medio que a José Muñoz, uno de los panaderos de la zona, también “lo azotaba el muerto”.

De acuerdo con la leyenda, en su panadería, ubicada en la calzada 16 de Septiembre esquina con la calle 7 Norte, en la colonia Ricardo Treviño, José Muñoz era golpeado cada noche por esta presencia. Él mismo afirmaba que esto ocurría porque conocía la ubicación de un tesoro enterrado y, para evitar que lo revelara, era castigado.

Otra versión señala que, presuntamente, el castigo se debía a que quemó en su horno los huesos de un difunto como parte de un “amarre”, por lo que el muerto lo golpeaba exigiendo que le devolviera sus restos; algunos dicen que incluso pedía un dedo.

Ante esta situación, acudió a la iglesia del ex convento de San Francisco, donde un sacerdote le aconsejó realizar un acto de fe. Fue entonces cuando decidió cumplir una penitencia: colocarse cadenas y espinas en el cuerpo, comprometiéndose a realizar esta manda durante 50 años en cada Semana Santa.

Así surgió la primera vez que, en el atrio del ex convento, José Muñoz salió como engrillado. Desde entonces, de manera ininterrumpida, se han realizado cada año estas mandas, cada una con peticiones personales, pero todas cargadas de fe.

Aunque el número de participantes varía cada año, se han llegado a reunir hasta 100 engrillados, bajo la organización de Alicia Garcés, hija de uno de los primeros participantes cuando comenzaron a conformarse en grupos.

Si bien algunos sacerdotes no están de acuerdo con esta tradición, por considerarla demasiado dura debido al dolor que implica, la práctica se mantiene viva y todo indica que continuará por muchos años más.





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