Nicaragua sin elecciones: el plan de Ortega para frenar a la oposición
Managua, Nicaragua . — El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, descartó este domingo cualquier posibilidad de celebrar elecciones en el país, en un intento por cerrar definitivamente el paso a los movimientos opositores que se encuentran en el exilio. La declaración marca un giro decisivo en el escenario político nicaragüense, donde el oficialismo busca consolidar un dominio absoluto sin alternancia en el poder.
Durante la conmemoración del 47° aniversario de la Revolución Popular Sandinista en Managua, el mandatario de 80 años envió un mensaje tajante a sus detractores. Ortega afirmó que la oposición debe olvidarse de competir en las urnas, asegurando que en el país no se volverán a organizar comicios orientados a permitir que sectores críticos intenten tomar el control del gobierno o del poder estatal.
Un marco legal para blindar el poder
Acompañado por la copresidenta Rosario Murillo y miembros de su familia, Ortega adelantó las claves de su plan para institucionalizar la cancelación de los comicios. El mandatario anunció que el Ejecutivo trabajará en conjunto con la Asamblea Nacional para promover un paquete de leyes diseñadas para levantar un muro normativo que impida cualquier aspiración política de la oposición, a cuyos integrantes tildó de “golpistas” y “vendepatrias” financiado por Estados Unidos.
Esta estrategia legislativa neutraliza las intenciones de los grupos opositores en el exilio, quienes confiaban en que la presión internacional forzara comicios libres para noviembre de 2027. La cita electoral ya había sufrido retrasos tras la reforma constitucional que extendió el mandato presidencial de cinco a seis años, pero las recientes declaraciones de Ortega sepultan cualquier expectativa de apertura democrática.

Control social y crisis de la oposición
El anuncio de Ortega profundiza la hegemonía que el gobierno mantiene desde las protestas sociales de 2018, cuya represión dejó más de 300 muertos según organismos internacionales. Desde entonces, el régimen ha encarcelado, despojado de su nacionalidad o forzado al exilio a cientos de rivales políticos, periodistas, religiosos e intelectuales, provocando que miles de ciudadanos busquen refugio en países como Costa Rica, España y Estados Unidos.
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El blindaje del régimen se consolidó a principios de 2025 tras una profunda reforma a la Constitución Política que eliminó la independencia de poderes y concentró el control estatal en Ortega y Murillo. Ambos dirigentes acusan a la oposición y a los organismos de derechos humanos de promover “traición a la patria” e injerencia extranjera.
Reaparición pública y dudas sobre la sucesión
El discurso tuvo un matiz particular debido a que representó la reaparición pública de Daniel Ortega tras dos meses de ausencia de los reflectores. El mandatario llegó al evento conduciendo su propio vehículo, en un contexto marcado por especulaciones sobre su estado de salud, dado que en sus últimas intervenciones se le observó con notorias dificultades para caminar.
En medio de reportes no oficiales que señalan que el mandatario padece lupus e insuficiencia renal, sectores de la oposición aseguran que Rosario Murillo encabeza una reorganización interna en las instituciones del Estado. Este proceso buscaría garantizar una transición de mando fluida y asegurar la permanencia del sandinismo en el poder ante un eventual agravamiento en la salud del líder nicaragüense.







