Casa del Abue Centro cumple 20 años brindando atención integral
Hace 20 años, la Casa del Abue Centro en Puebla nació ante una realidad irrefutable. En la entidad, como en todo el mundo, la población está envejeciendo. Ello supone amplios retos, no solo en materia de políticas públicas, sino también para una sociedad que con frecuencia relega esta etapa de la vida.
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Alejandro Armenta, hoy gobernador del estado, fungía entonces como director del Sistema Estatal DIF y, desde ese cargo, impulsó la creación de un modelo de atención gerontogeriátrica integral para las personas adultas mayores de Puebla.
Veinte años después, su visión se ha convertido en un espacio de dignidad, amor y alegría para quienes llegan a la etapa del nido vacío, enfrentan enfermedades o incluso el abandono. Así lo destacó Miriam López Márquez, coordinadora de la Casa del Abue Centro, quien precisó que hasta el 40% de los usuarios presenta depresión.

“Cuando ellos se dan la oportunidad de venir, llegan y encuentran que este lugar les cambia la vida de manera radical. Es increíble ver cómo llegan y, a las dos o tres semanas, ya están felices, ya caminan, se pintan el pelo, vuelven a sonreír, vuelven a cantar, se vuelven a atrever a hacer cosas que muchas de ellas nos dicen: ‘Nunca bailé danza porque nunca tuve tiempo’”.

La Casa del Abue Centro opera como una estancia de día y atiende diariamente a más de mil usuarios, de 8:00 a 16:00 horas. Ofrece 63 talleres, además de servicios de consulta general, psicología, nutrición, podología, fisioterapia, estomatología, urología y oftalmología.
La estrategia, que ya se replicó en la Casa del Abue Sur y próximamente llegará a las Casas del Abue Poniente y Norte, forma parte de una política pública que reconoce que la salud también depende del afecto, la inclusión y el sentido de pertenencia.

Felipe, de 82 años, lleva una década como usuario del centro. Mientras barre su área de trabajo, recuerda que ha practicado tai chi, yoga y baile, y que ahora forma parte del taller de carpintería. Asegura que la Casa del Abue le permite sentirse acompañado y útil.
“Se siente uno con mucho compañerismo; ya somos puros grandes, ya no hay chamacos acá, entonces se siente uno tranquilo a nuestra edad. Ahorita llego a la casa y ya está la comida, llego y a comer, como rey. Ya qué me queda”.
Margarita también encontró en este espacio una oportunidad para dedicarse tiempo a sí misma. Tras criar a sus hijos y disfrutar de sus nietas, decidió acudir a la Casa del Abue para cuidar su salud física y emocional.
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“Ya los hijos ya están grandes, ya tengo las nietas y a veces van a la casa y las cuido, pero también ya estoy pensando en mí. Ya necesito cuidarme, venirme a distraer, hacer algo para mí. Me quiero, quiero estar bien en mi salud”.

A dos décadas de su fundación, la Casa del Abue Centro se ha convertido en un refugio para quienes dedicaron gran parte de su vida al trabajo y a sus familias, y que hoy encuentran un lugar donde son escuchados, acompañados y atendidos con calidez.
Cada sonrisa, cada conversación y cada actividad recuerdan que envejecer no significa perder valor. Por el contrario, es una etapa que merece vivirse con plenitud, acompañamiento, dignidad y oportunidades para seguir aprendiendo y creando nuevos recuerdos.






