Internacional

Inflación, apagones y menos miedo: la vida en Venezuela sin Maduro

AFP  FECHA:  1 septiembre, 2026

Caracas, Venezuela.- A casi ocho meses de la captura de Nicolás Maduro, los venezolanos viven un sentimiento agridulce. Aunque celebran un nuevo ambiente de libertad, la crisis económica que pulverizó los salarios y provocó la migración masiva sigue golpeando el bolsillo de la población.

Marbelis Daliz y su esposo Arlindo Da Silva gestionan una tienda de repostería en Caracas. El matrimonio enfrenta a diario la inflación asfixiante y los continuos apagones eléctricos, males históricos del país con las mayores reservas de petróleo del mundo.

“Después del 3 de enero sentimos una alegría enorme. Pensamos que Venezuela cambiaría de inmediato”, relata Marbelis, de 54 años, mientras apresura la preparación de un pastel antes de que un corte de luz interrumpa su trabajo. “Lamentablemente, la realidad nos aplastó. La economía sigue siendo un desastre”, añade.

La economía venezolana arrastra una dolarización de facto desde 2019 tras la devaluación del bolívar. A pesar de la tutela estadounidense y las expectativas de una inyección masiva de divisas, la inflación anual en bolívares roza el 575%. Por su parte, la inflación en dólares alcanzó un 35% el año pasado.

Los constantes aumentos de precios devoran el presupuesto familiar. Zaida Mujica, activista social de 61 años, expresa su frustración: “Se llevaron al dictador, pero no la dictadura. No vemos medidas que beneficien directamente al pueblo”.

Reformas económicas frente al costo de la canasta alimentaria

La presidenta interina Delcy Rodríguez impulsó reformas a las leyes de hidrocarburos y minería para atraer inversión extranjera. Estas medidas permitieron un incremento del 29,8% en la producción petrolera diaria desde enero. Sin embargo, el centro de estudios Cendas reporta que la canasta alimentaria supera los 700 dólares mensuales, mientras el salario mínimo equivale a apenas unos centavos de dólar y el ingreso para empleados públicos se fijó en 240 dólares.

José Manuel Puente, académico del Instituto de Estudios Superiores de Administración (IESA), explica la situación: “Un cambio político resulta indispensable, pero no basta para generar estabilidad macroeconómica. Sin frenar la inflación más alta del mundo, no habrá bienestar”.

Javier Chacón y Delia, dos costureros de 44 años, celebraron en privado la intervención estadounidense. “Pensamos que vendría un cambio rápido, pero hoy seguimos sobreviviendo”, comenta Chacón desde un mercado popular capitalino.

A la crisis económica se sumó el impacto de dos terremotos el pasado 24 de junio. Los sismos dejaron más de 6.500 muertos y destruyeron infraestructuras clave, devastando zonas turísticas como La Guaira. Carmen Ramírez, de 40 años, perdió parte de su vivienda y ahora vende artículos de aseo desde su camioneta: “Solo queda salir a la calle y seguir luchando”.

La libertad de protestar convive con el temor al régimen

Pese a las dificultades, la población percibe un cambio clave: el fin del silencio forzado. Se multiplican las protestas de maestros, personal médico y colectivos sociales en plazas públicas. Al mismo tiempo, avanza un diálogo político entre el gobierno interino y sectores opositores bajo el auspicio de Washington.

AFP

“Antes no me atrevía a publicar sobre política en redes sociales. Ahora celebro abiertamente la salida de Maduro”, afirma Marbelis desde su pastelería.

No obstante, el temor persiste. Organizaciones como Foro Penal denuncian que casi 400 presos políticos continúan tras las rejas, pese a las 1.046 excarcelaciones reportadas por el gobierno.

Jerry Ostos, exprisionero político liberado en marzo, aún debe presentarse mensualmente ante los tribunales: “El gobierno mantiene personas en prisión solo por opinar diferente. El monstruo todavía sigue vivo”.





Relacionados

Back to top button