
58 años de Tlatelolco: La memoria colectiva exige justicia
A casi seis décadas de distancia, la herida sigue abierta. Se cumplen 58 años de la matanza del 2 de octubre de 1968 en la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco, un acontecimiento que marcó un antes y un después en la historia contemporánea de México y que transformó de manera radical la conciencia política del país.
La represión que cimbró a una nación
Aquel trágico atardecer de 1968, miles de estudiantes, profesores, intelectuales, obreros y amas de casa se congregaron de forma pacífica para exigir libertades democráticas, el fin del autoritarismo gubernamental y la liberación de presos políticos.

Sin embargo, la respuesta del Estado mexicano, encabezado entonces por el presidente Gustavo Díaz Ordaz, fue una emboscada militar y paramilitar coordinada. Disparos provenientes de diversos flancos —incluyendo a francotiradores del Batallón Olimpo— sembraron el terror, dejando un saldo oficial impreciso pero ampliamente documentado por organizaciones civiles y sobrevivientes como una masacre de proporciones históricas.
Entre la impunidad y la persistencia de la verdad
A 58 años de los hechos, las exigencias de justicia plena, verdad y rendición de cuentas continúan vigentes. A pesar de la desclasificación de archivos históricos en décadas recientes —que han permitido vislumbrar la magnitud del espionaje estatal, la colusión de mandos y la intervención de agencias extranjeras como la CIA—, las familias de las víctimas y los movimientos sociales denuncian que la impunidad institucional sigue imperando.
Cada 2 de octubre, las calles de la Ciudad de México y diversas ciudades del país resuenan con el histórico lema: “¡2 de octubre no se olvida!“, una divisa que trasciende generaciones para recordar que la represión del Estado no ha logrado borrar la exigencia de memoria y justicia para los caídos.








