
Alemania se retira de Groenlandia tras presión arancelaria
Redacción
La salida de los soldados alemanes de Groenlandia, apenas horas después de que Donald Trump amenazara con imponer aranceles a países europeos con presencia militar en la isla, ilustra con claridad el delicado momento que atraviesa la relación transatlántica. Oficialmente, Berlín insiste en que la retirada obedeció al cumplimiento natural de una misión de reconocimiento. Extraoficialmente, el contexto habla por sí solo.

Quince militares abandonaron el territorio ártico rumbo a Copenhague en medio de una tormenta política provocada desde Washington. Trump no sólo interpretó la presencia europea como una amenaza directa a sus aspiraciones de anexar Groenlandia, sino que decidió responder con un instrumento que se ha vuelto marca registrada de su política exterior: la presión económica.
Alemania, junto con Dinamarca, Francia, Países Bajos y otros aliados, defendió la misión como parte de maniobras coordinadas de la OTAN destinadas a reforzar la seguridad en el Ártico. El mensaje conjunto fue inequívoco: no hay provocación, no hay amenaza, hay cooperación defensiva y respaldo a la soberanía danesa.
Sin embargo, la advertencia estadounidense —aranceles de hasta 25% si no se facilita una “adquisición” del territorio— introduce un elemento disruptivo que va más allá de Groenlandia. Lo que está en juego no es sólo una isla estratégica, sino la vigencia de reglas básicas entre aliados: respeto a la soberanía, diálogo político y rechazo al chantaje como método diplomático.
La retirada alemana no cierra el conflicto. Apenas lo inaugura.
Trump podría haber conseguido un buen tratado con buenas formas si hubiera habido independencia pero como vive de polarizar a los idiotas que le votan ahora tiene en contra a toda Groenladia, a Europa y en Groenlandia han sacado leyes para evitar sobornos a parlamentarios. https://t.co/CTEZkzoiBh
— Dioni, vuestro amigo.🇪🇺 (@CeodeDionis) January 17, 2026






