
China rechaza aranceles de 50% a automóviles propuesto por México
El gobierno mexicano decidió sacar las garras en materia comercial. En el Paquete Económico 2026, la Secretaría de Economía incluyó una propuesta para imponer aranceles de hasta 50% a automóviles, autopartes, textiles y otros productos provenientes de países con los que no existe un tratado comercial, particularmente China. La reacción en Pekín no se hizo esperar:
“Nos oponemos firmemente a cualquier coerción”, advirtió el portavoz de la cancillería, Lin Jian.
#FMsays China firmly opposes restrictions against #China imposed under coercion from others, FM spokesman Lin Jian said after #Mexico announced that it will raise #tariffs on automobiles from China and other Asian countries to 50 percent. Lin said he hopes that Mexico will work… pic.twitter.com/FfY8bPbZnk
— China Daily (@ChinaDaily) September 11, 2025
La medida es relevante por varias razones. En primer lugar, porque México aplicaría el arancel máximo permitido por la OMC a más de 1,400 fracciones arancelarias de 17 sectores estratégicos. En el caso de los autos, los impuestos pasarían de un rango de 15 a 20% hasta 50%. Lo mismo para autopartes, que hoy pagan entre 0 y 35%. En otras palabras: se encarece significativamente la importación de productos chinos.
¿Por qué lo hace México? Las cifras hablan. En 2024, el país registró un déficit récord en el comercio automotriz con China: más de 5,000 millones de dólares. Mientras nuestras exportaciones de autos al gigante asiático apenas alcanzaron los 262 millones —la cifra más baja desde 2010—, los vehículos chinos vendidos en México superaron los 5,300 millones de dólares. Para colmo, marcas chinas ya representan cerca del 30% del mercado mexicano de autos ligeros.
El trasfondo, sin embargo, no es únicamente económico. También es geopolítico. Estados Unidos mantiene su guerra comercial con China y presiona a sus socios del T-MEC a limitar la entrada de productos fabricados bajo lo que acusa como “prácticas desleales”. México parece alinearse con esa estrategia, aunque las consecuencias internas pueden ser costosas.
Los especialistas advierten sobre los riesgos. Alberto Bustamante, de la Asociación Nacional de Proveedores para el Sector Automotriz, alertó que el mercado de refacciones podría ser golpeado. México importa 85% de sus piezas de repuesto de países sin acuerdo comercial, sobre todo de China. Una subida de aranceles se trasladaría directamente a los precios que pagan los dueños de los 35 millones de vehículos en circulación en el país. Es decir: la clase media mexicana podría terminar financiando esta guerra comercial.
Además, armadoras como General Motors, Ford o BMW, que fabrican modelos en China y los exportan a México, también se verían afectadas. Y no olvidemos sectores como el textil y la vestimenta, donde plataformas digitales como Shein o Temu dominan el mercado. Con aranceles de 50%, esos productos se encarecerían, impactando el bolsillo de millones de consumidores.
China, por su parte, insiste en su discurso clásico: defensa de la globalización, rechazo al proteccionismo y llamado a la cooperación. En palabras de Lin Jian, “esperamos que México nos acompañe en el camino de la recuperación económica mundial”. Lo cierto es que, si el Congreso aprueba la propuesta, la relación comercial entre ambos países entrará en una fase de tensión inédita.
La gran pregunta es si el costo político y económico de esta medida será asumible para México o si se trata, más bien, de un gesto de alineamiento estratégico con Washington. En cualquier caso, los consumidores y empresas mexicanas serán quienes sientan el impacto más inmediato.






