Circo de 3 pistas

Así resulta la decisión de regresar a México al exdirector de Pemex, Emilio Lozoya, quien llegó con la justificación debajo del brazo para no pisar el reclusorio y ser alojado en el cuarto de un hospital particular, “por motivos de salud.”

El hecho en sí refleja la necesidad que el gobierno de la 4T tiene de un buen distractor para cubrir los problemas que se han acumulado y que en lugar de resolverlos se siguen multiplicando y todo producto de la incapacidad, la falta de experiencia, la necedad y la soberbia.

Sobre la extradición de Lozoya están concentrados todos los reflectores, sobre todo a partir de que se comenzó a hablar de que el funcionario estaba listo y dispuesto para aclarar las cuentas de todo lo que se le acusa.

Ante esta posibilidad, la gente dejó de reclamar políticas públicas que den respuesta a los problemas y está atenta a seguir el juicio de Lozoya.

Unos hasta se colocan ante su televisor para ver y escuchar al extraditado que pronuncie los nombres que todos quieren escuchar.

Desde luego que el espectáculo no se producirá tan pronto como muchos quisieran. Habrá que observar un proceso largo para llegar al capítulo de las acusaciones, las denuncias, con el pronunciamiento de los nombres que todos suponen.

Cabe la pregunta

¿Hasta dónde llegará el caso?

La percepción es que, de acuerdo a las necesidades de distracción del gobierno federal, hablará el acusado.

La insistente pregunta de la población ávida de ver correr sangre -en sentido figurado- es: ¿Y después?

Y para ese capítulo habrá que esperar sorpresas por parte de la implacable autoridad que llegó al Palacio Nacional tras una serie de pactos y alianzas que ponen a salvo a los personajes clave de “la transición”.

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