A 30 años (Parte 1)


21/10/2019 19:49

“Si de verdad se busca intentar prevenir

futuras atrocidades, hay que tratar

de averiguar cuáles son sus raíces.”

Noam Chomsky

Como en noviembre de 2019 se conmemorarán los 30 años de la caída del muro de Berlín, que representa para la humanidad cambios fundamentales (al grado de que, después de ese evento, la vida en el planeta no fue igual), se presentarán, en varias partes, lo que representó para el mundo el suceso que unificó las dos Alemanias y, más que la unificación de aquel país, el que representó cambios geográficos, políticos, económicos, jurídicos del mundo.

Después de la guerra fría entre EUA y la extinta URSS, que se inició en Japón con el lanzamiento de las bombas atómicas por parte del gobierno de Estados Unidos de América en Hiroshima y Nagasaky y que finalizó con el derrumbamiento del muro de Berlín el 9 de noviembre de 1989, se acabo esa oposición que se vivió durante mucho tiempo en las políticas del mundo, sobre todo en el mundo occidental; es decir, entre las políticas públicas de izquierda y las de derecha; las primeras sustentadas en proteger los derechos de igualdad y las segundas en proteger los derechos de libertad. Pero al final de esa oposición de diferentes perspectivas del mundo occidental, se fue preparando una nueva utopía; ya no se hablaba más —porque no se podía— de las utopías de las izquierdas y de las derechas, porque, efectivamente —como lo sostuvo el profesor estadounidense Francis Fukuyama—, se había llegado al fin de la historia. Cita el profesor: “El fin de la historia será un tiempo muy triste. La lucha ideológica a nivel mundial que requería audacia, coraje, imaginación e idealismo se verá reemplazada por el cálculo económico, la interminable resolución de problemas técnicos, la preocupación por el medio ambiente y la satisfacción de las sofisticadas demandas consumistas” (El fin de la Historia y el último hombre, Planeta, 1992). Pero de la historia de esas dos utopías. Por ello, no había más opción; entonces, había que pensar en otro horizonte.

Y ese horizonte, para el gobierno de los Estados Unidos de América, era necesario para legitimar la hegemonía. Por ello, como lo sostiene el actual juez de la Corte Interamericana de los derechos humanos, el profesor argentino Eugenio Raúl Zaffaroni, se tenía que buscar un nuevo enemigo, y ese fue el narcotráfico (El enemigo en el derecho penal, Buenos Aires: Ediar, 2009). Por ello, desde la década de los ochenta del siglo XX, se empezó a legitimar la guerra contra el narcotráfico, pues ya no había más posibilidad de que aquel gobierno justificara su poder económico y, sobre todo, militar contra las políticas públicas de izquierda; pues estas paulatinamente iban desmejorando su capacidad de oposición.

Debido a la falta de oposición de un poder en las mismas condiciones, como lo era la URSS, se tuvo la necesidad de combatir el narcotráfico y, más que ello, la de convertirlo en el enemigo del sistema. Con ello, se dio el cambio del derecho penal, pues este era al que le correspondía combatir esa práctica. Por tanto, se fue conformando un derecho penal precautorio, en donde se implementaban delitos en los que no había lesión, pero sí el peligro de tales daños; y, desde luego, se inició un encarcelamiento masivo de personas que resultaban simplemente peligrosas. En palabras de J. Simon: “A partir de la década de 1980, Estados Unidos viene forjando una forma penal inédita en la historia, que algunos sociólogos y criminólogos han llamado «encarcelamiento masivo» […] las cárceles se parezcan cada vez más a depósitos, y en ocasiones, a vertederos” (Gobernar a través del delito, Gedisa, México, 2011).

La urgencia de localizar un enemigo después de la caída del muro de Berlín fue lo que ocasionó esa expansión del derecho penal; topándose, entonces, las políticas públicas del país del norte, en primer término, con el narcotráfico. Al respecto, el profesor español Jesús María Silva Sánchez sostiene: “Creación de nuevos «bienes jurídico-penales», ampliación de los espacios de riesgos jurídico-penalmente relevantes, flexibilización de las reglas de imputación y relativización de los principios político-criminales de garantía no serían sino aspectos de esta tendencia general” (La expansión del derecho penal”, B de F, Buenos Aires, 2011). Uno de los cambios fundamentales en el mundo fue ese del enemigo: de aquellos comunistas, socialistas, rusos, etc., el sistema mundial, en particular el norteamericano, tuvo que girar a otro lado y combatir el narcotráfico, y para ello fue necesaria la expansión de ese derecho penal.

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