A 30 años – (Parte II)


04/11/2019 13:33

“¿Todavía existe la derecha? ¿Aún existe la izquierda?
La crisis de la izquierda; las dudas de la izquierda,
la izquierda agónica. ¿Que es la izquierda?
y ¿que ha quedado de ella?”

Norberto Bobbio

En la primera parte de esta serie de ensayos por la conmemoración de 30 años de la caída del muro de Berlín, se puso en la mesa la necesidad de que el sistema hegemónico victorioso de la misma, es decir, el capitalismo tuviera la necesidad de localizar otro enemigo para seguir dicha hegemonía. Por ello, en la década de los ochenta del siglo XX, se inicio frontalmente la guerra contra el narcotráfico. Pues bien, en esta ocasión, viene a colación una de la secuelas de esa fecha historia del 9 de noviembre de 1989, a saber, es la desintegración de la vetusta bipolaridad entre izquierdas y derechas. Así, uno de los politólogos, juristas, filósofos más destacados del siglo XX, el italiano Norberto Bobbio, sostuvo al respecto: “La distinción entre derecha e izquierda que durante casi dos siglos —desde la Revolución Francesa en adelante— sirvió para dividir el universo político en dos partes opuestas ya no tiene ninguna razón de seguir siendo utilizada.” (Derecha e izquierda, Editorial Taurus, México, 2014).

El resultado más valioso de ese evento histórico fue, precisamente, haber dejado a un lado esas dos posturas de izquierdas y derechas, de las políticas de los Estados que apelan por los derechos de igualdad y los que apelan por los de libertad. Ya no hay más ese debate (aunque en muchas ocasiones haya resistencia al hecho de que se hayan perdido esas oposiciones), ya no son las propuestas antagónicas ni las estrellas polares que se persiguen. Por ende, si esas dos han quedado derrotadas, aún más las que corresponden a las políticas de izquierda que las de derecha que subsistieron; entonces, el problema que se ha presentado en el mundo occidental es ¿cuál es la estrella polar de la actualidad?

Y es que, si las izquierdas fueron las derrotadas con la caída del muro de Berlín, habría que buscar otros derroteros, es decir, habría que localizar otros fines, esa estrella polar que, si bien no se podrá llegar a ella, sirve para avanzar. Y esa estrella polar que se fue conformando consistió en la efectividad de los derechos humanos. Hoy, todas las políticas mundiales (sean las viejas izquierdas agonizantes o las derechas triunfantes) hablan de los derechos humanos; pudiera decirse que hoy todos convergen en la existencia y, sobre todo, en la eficacia de los sistemas jurídicos y políticos de los derechos humanos. Una vez que se pone a la mesa ese concepto, cualquier discurso queda legitimado, por más hueco que haya sido o por más que pertenezca al político más rapaz. Esa concepción de los derechos humanos lo legitima.

El problema que ha sucedido con los derechos humanos, con su mención, con el intento permanente de su plena efectividad es que este concepto puede decir muchas cosas, puede ser usado de este de diversas formas. Si todo ser humano es sujeto de derechos humanos, entonces, lo que sucede es que se puede hablar muy bien de derechos humanos y el discurso se legitima. Ahora bien y en particular, cuando se habla desde la opulencia, desde arriba; si desde allí se sostiene la efectividad de los derechos humanos, entonces, se pudiera estar hablando de los que corresponden a la protección de la propiedad privada y, así, en el fondo se esta tutelando los derechos de los grandes monopolios, duopolios, oligopolios, que arrasan con los derechos humanos de los denominados actualmente como los oprimidos. Es una perspectiva desde donde se protegen las expropiaciones para las concesiones mineras, industriales, desarrollos inmobiliarios y turísticos, que propiamente han rayado en verdaderos despojos a los más oprimidos del sistema, como son los pueblos de origen, los ejidatarios comuneros, pequeños propietarios, etc.

Pero, también, se habla de derechos humanos y de su efectividad desde el otro lado, desde los de abajo, desde los oprimidos, desde los débiles del sistema, desde donde se exige la efectividad de sus derechos humanos, en particular, del desarrollo humano para, por ejemplo, la protección de los bienes comunales del medio ambiente, tratándose de los pueblos de origen, a lo que en el sur de nuestro continente le denominan como la Pachamama. Estos pueblos exigen la protección de esos derechos humanos, no porque sean propietarios de esas tierras, sino porque forman parte de ellas, porque son parte del ecosistema del lugar, y se ven afectados por los derechos humanos de las grandes corporaciones.

Si bien se ha legitimado el uso, en el discurso político, de los derechos humanos, en realidad, es muy arriesgado hablar de ellos. Se debe tener mucho cuidado, porque los derechos humanos pueden decir varias cosas antagónicas; sin embargo, son parte de ese cambio mundial que sucedió aquel 9 de noviembre de 1989.

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