Bajo advertencia no hay engaño


04/12/2019 19:15

El domingo pasado, en su enésimo informe de actividades y la “celebración” de su primer año de gobierno, el presidente Andrés Manuel López Obrador nos advirtió a todos que en un año más se consolidará la 4T y que sería prácticamente echar vuelta atrás. Dijo: “¿Cuánto tiempo necesitaremos para consolidar la transformación? Pienso que un año más; es decir, en diciembre del 2020 ya estarán establecidas las bases para la construcción de una patria nueva. Para entonces, ante cualquier circunstancia, será prácticamente imposible regresar a la época de oprobio que significó el periodo neoliberal o neoporfirista”.

De hecho, López Obrador señaló desde su discurso de toma de posesión que iniciaría de inmediato el proceso para lograr la transformación del país, la 4T, y lo haría muy rápido. En ese entonces muy pocos imaginamos que verdaderamente el proceso de “transformación” sería tan vertiginoso como en realidad ha sido. Y además de la velocidad, no estaba claro el cambio que vendría. Algunos lo intuyeron, otros no quisieron creerlo, otros más pensaron que en realidad se trataba de un golpe y un cambio indispensables para el país. Pero el hecho es que efectivamente el proceso ha sido rápido y casi sin rubor: el acaparamiento de poder ha sido total, el ataque a las organizaciones civiles lejos de su control ha sido constante, la destrucción de instituciones democráticas de los estados modernos que constituyen contrapesos al poder presidencial, el acecho a la Suprema Corte de Justicia, al Tribunal Electoral de la Federación y al Poder Judicial en general ya ha tenido consecuencias que han mermado su independencia. Todo esto ha ocurrido violando la ley o utilizando los pretextos, altamente apetecibles para el “pueblo”, del ataque a la corrupción, de los dispendios y sueldos “dorados” de sus altos funcionarios, del vituperio a su desempeño y el de sus directivos, o de plano por la sustitución de las cabezas de dichos órganos por empleados del presidente.

La advertencia del presidente López Obrador es seria y amenazante: en un año completará la “4T” y será irreversible. ¿Qué significa esta afirmación? ¿Qué falta para que AMLO tenga pleno control y asegure su permanencia? A mi modo de ver, le falta controlar el acceso a controversias constitucionales y el proceso electoral. Puede haber otros elementos estratégicos, pero creo que éstos son los cruciales.

Para lograr impedir controversias constitucionales será necesario disminuir la autonomía del Poder Judicial mediante los nuevos nombramientos de ministros de la Corte y del Consejo de la Judicatura, o incluso a través del aumento de los miembros de la Suprema Corte. La próxima designación de la ministra de la Corte será definitiva. Para el control del proceso electoral seguramente completará el avasallamiento del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, proceso que inició con la renuncia de su expresidenta Janine Otálora tras el fallo sobre la gubernatura de Puebla y los ataques a algunos de sus magistrados considerados independientes. Pero el paso fundamental será el control del árbitro electoral. No hay duda que para lograr el control del proceso electoral se necesita el descabezamiento del INE para colocar a personas afines o cercanas al Presidente. De esta manera, el presidente se encontrará nuevamente con los mismos instrumentos que le permitieron al PRI en 1988 conservar la presidencia al “caerse el sistema”, dado que el árbitro era la Secretaría de Gobernación. Ahora no sería estrictamente así, pues el INE es un órgano “independiente”, pero tendrá la misma relación de dependencia que entonces

Y para completar el cuadro, se necesitan electores afines: para eso inició, aún siendo presidente electo, la construcción de un Censo del Bienestar en el cual participaron los mismos jóvenes que crearon la estructura electoral de Morena, liderados por Gabriel García Hernández, hoy Coordinador General de Programas para el Desarrollo (y quien “ejecuta los programas integrales de desarrollo económico-social”) en la Presidencia de la República. Si bien la construcción del censo de todos los beneficiarios de los programas sociales parece haber sido un fracaso técnico, la discrecionalidad y el uso (ilegal) de los programas sociales con el fin de posicionar al presidente ha sido bien documentada. La base electoral ya creada a través de la inscripción de personas para recibir los beneficios llegan hasta ahora a un porcentaje estimado de entre el 35 y el 50 por ciento de la población, de acuerdo a la encuesta de Reforma publicada la semana pasada o a los dichos del propio AMLO en su informe del 1 de diciembre.  Al asegurar esa cantidad de votos, y con la complicidad del INE reformado y de los tribunales electorales, será prácticamente imposible vencer a la coalición en el poder. Y si es así, la 4T será irreversible.

La pregunta es: ¿Qué estamos dispuestos a hacer para evitar la destrucción de nuestra democracia?

 

Enrique Cárdenas Sánchez

Universidad Iberoamericana de Puebla

Puebla contra la Corrupción y la Impunidad

enrique.cardenas@iberopuebla.mx

@EcardenasPuebla

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