Cholula, octubre de 1519


14/10/2019 23:35

“Y porque toda la gente que huir podía

se encerraba en los montes y subía a las sierras

huyendo de hombres tan inhumanos,

tan sin piedad y tan feroces bestias, extirpadores y

capitales enemigos del linaje humano”

Fray Bartolomé de las Casas

 

Según la historia, el 18 de octubre de 1519 se suscitó la matanza en Cholula. Por ello, en este 2019, se cumplen 500 años de lo que ahora se denomina como “genocidio” de Cholultecas, pues, en ese tiempo, en el idioma castellano no existía denominación para lo que es la muerte generalizada de personas de una raza determinada. “Genocidio” es un término reciente, se implementó en los tiempos posteriores a la Segunda Guerra Mundial, después del asesinato de los judíos por parte del gobierno nazi.

La matanza de Cholula, según lo dice la historia, fue un ataque realizado por las fuerzas militares del conquistador español Hernán Cortés en su trayectoria a la ciudad de México-Tenochtitlan y, de acuerdo con los cronistas de ese tiempo, se trató de una acción en represalia a la sospecha de una emboscada dentro de la ciudad de Cholula, en donde los españoles habían sido recibidos y cuyo resultado fue la muerte de 5000 o 6000 cholultecas, en su mayoría civiles desarmados, en un período no mayor a seis horas.

Hoy, desafortunadamente, Cholula está dividida en tres municipios en el Estado de Puebla. Poco se sabe de los hechos que se suscitaron en los momentos de la historia de la conquista o, como denominan actualmente muchos de los pensadores de esta época, la “invasión” (Dussel, Enrique, Carta a los indignados, Ciudad de México: La Jornada Ediciones, 2011). Infortunadamente, hay muy pocas investigaciones al respecto de estos sucesos de hace 500 años, qué fue lo que sucedió, cuál fue el resultado, etc. Por ello, ha quedado como una vieja leyenda muy lejana de aquellos nuestros tiempos esa matanza, una que, incluso, ya ni es motivo de mención en los diarios, en los medios de comunicación ni, sobre todo, en las organizaciones culturales oficiales. El hecho de que ahora haya quedado como un simple suceso histórico abona al desconocimiento de nuestras tierras y ancestros; un efecto que se ha presentado por muchos años para que el mexicano se sienta alejado de esos sucesos de la conquista, a causa, entre otras cosas, del mestizaje que se suscitó y que llevó al mexicano actual a no sentirse propio de esas culturas, a renegar de las culturales pre-hispánicas y, en ocasiones, hasta a discriminalas.

Pero el mexicano tampoco se siente propio de una cultura formada por ese mestizaje, algo que describió magistralmente Octavio Paz en El laberinto de la soledad: “La historia de México es la del hombre que busca su filiación, su origen. Sucesivamente afrancesado, hispanista, indigenista, “pocho”, cruza la historia como un cometa de jade, que de vez en cuando relampaguea. En su excéntrica carrera ¿qué persigue? Va tras su catástrofe: quiere volver a ser sol, volver al centro de la vida de donde un día —¿en la Conquista o en la Independencia?— fue desprendido”.

A 500 años de ese 18 de octubre de 1519, bien sería motivo para hacer algunas conmemoraciones oficiales al respecto. Una ocasión que, más que nada, se pudo haber prestado para reforzar los derechos de los pueblos de origen, para avanzar en un derecho más incluyente, para recordar que es necesario un gobierno más participativo, es decir, democrático; para fomentar la cultura en México, que, por cierto, es uno de esos derechos enunciados en el artículo 4º de la constitución y, por ende, un derecho social. Era la oportunidad de hacer efectivos esos derechos; por lo menos, para considerar de dónde provenimos o saber qué ha sucedido en el suelo que hoy estamos pisando. Desde luego que esos eventos y estudios serían parte de un derecho a la cultura que se está olvidando paulatinamente, de un derecho a la cultura que, como simples anhelos —por lo que parece—, se plantea en las constituciones; pero que se convierten en simples políticas públicas. Muchos buenos propósitos que algún día, si da tiempo, se cumplirán.

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