Don Enrique

A los que crecimos en las décadas de los ochenta del siglo pasado en Puebla, que estábamos pendientes de los partidos del fútbol mexicano —liga que contó, alguna vez, con dos equipos de fútbol poblanos: Puebla y Ángeles de Puebla—, quienes no teníamos la oportunidad de ver los partidos foráneos de nuestros equipos poblanos en vivo por televisión, quienes estábamos ilusionados con el próximo mundial de fútbol de México 1986 y veíamos los avances de la ampliación del Estadio Cuauhtémoc.

Todos nosotros, que solamente teníamos noticias de algunos de los partidos del Real Madrid en donde jugaba Hugo Sánchez, esperanzados con que ese domingo anotara un gol y que Fernando Valenzuela, en las ligas mayores, ponchara a más de tres; quienes, con el béisbol y los denominados Ángeles negros de la liga mexicana (equipo que arrasó con el campeonato), teníamos como única forma de verlos en vivo el Estado Hermanos Serdán. Estadio junto al cual estaba el gimnasio Miguel Hidalgo, donde jugaban las Abejas Poblanas, la selección mexicana de básquetbol. De todos aquellos equipos esperábamos al día siguiente los resultados de sus juegos, pues no existía canal de televisión local; es más, los canales de televisión nacional iniciaban sus transmisiones hasta el medio día y sin noticias locales; de éstas solamente había un periódico local que daba los resultados de todos aquellos equipos, pero la repartición del diario no era muy ágil en esos tiempos.

Así, entonces, solamente se contaba con la radio. En especial, las noticias desde las seis de mañana comandadas por Don Enrique Montero Poce en Tribuna noticias, pues las estaciones de radio locales terminaban transmisiones a las 12 de la noche. No había (afortunada o desafortunadamente, el tiempo lo dirá) Internet, menos aun las denominadas “redes sociales”. Así, conocer los marcadores de los diversos equipos era una parsimonia bendición; pues, actualmente, con la rapidez con que se conocen los marcadores de cualquier contiendas de los equipos, se convierte en algo tan instantáneo como nuestra memoria para recordar el último marcador, el equipo que resultó campeón hace un año o, bien, el nombre de por lo menos 4 jugadores de nuestros equipos favoritos.

Todo dependía de la cadencia de la crónica de los sucesos de los partidos en aquel noticiario matutino, donde, a partir de las nueve de la mañana hasta su final a las diez de la mañana, se hablaba sola y exclusivamente de deportes y, en particular, de los equipos poblanos. El resumen de las ahora tan vituperadas corridas de toros, de la apenas inaugurada en aquellos tiempos plaza de toros El Relicario y de las corridas de feria podíamos tenerlo y no existían los opositores de hoy a la fiesta brava, como tampoco había los actualmente denominados “veganos”.

Esa década de los ochenta del siglo pasado, para muchos de nosotros nos la marcó la radio, pero sobre todo la radio hablada; en particular, la que transmitía las noticias que se arrancaban desde las seis de la mañana con Don Enrique. Ese medio de comunicación, a pesar de todos los avances de la tecnología, tiene la virtud de que permitía y seguirá permitiendo que el chofer, el panadero, el carpintero, el estudiante y cualquiera de los ciudadanos de pie de nuestra ciudad poblana todo lo que los medios electrónicos visuales nos censuraron: la imaginación. Ya que las narraciones, el desenvolvimiento de las noticias nos siguen haciendo correr la imaginación de lo que está sucediendo; para muchos de nosotros, sigue siendo nuestro mejor deporte seguir escuchando la radió, así como para Don Enrique lo fue hacer radio. QEPD.

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