¡Feliz año 2020

“Toda filosofía nace a orillas de la muerte”, dice Jean Guitón en su libro Silencio sobre lo esencial. “Hablamos una y otra vez de lo trivial accesorio y obviamos adentrarnos en el verdadero amazonas del corazón de la existencia”. Pero la vida con sus acontecimientos se encarga de hacernos pensar en lo trascendental y en lo eterno. Hoy, una Esquina está vacía y una Tribuna permanece solitaria. Su personaje creador, un triunfador en el tiempo y en el espacio ha desaparecido del firmamento poblano y su partida nos enluta y entristece. El sábado 4 de enero partió a otra dimensión nuestro amigo Don Enrique Montero Ponce, maestro y decano del periodismo poblano. Elevamos nuestras oraciones por su eterno descanso y mando mis condolencias a su apreciada familia y en especial a mi amigo el notario Mario Montero Serrano, uniéndome solidariamente en su sufrimiento y dolor, atenuado con la convicción de que a los 92 años un hombre como Don Enrique cumplió con creces su misión histórica en esta vida.

Pero… la vida diaria sigue siendo la gran cuestión. Ha llegado un nuevo año y con él la esperanza de cambios trascendentes en nuestra existencia y acontecimientos promisorios de buena ventura e ilusión. Aspiramos humanamente a todo lo grande y positivo que la vida tiene, y eso es la FELICIDAD, que sigue constituyendo la meta significativa del ser humano porque es su vocación, su tendencia y su inclinación natural. Y para alcanzarla, como dice el psicólogo español Enrique Rojas, hemos de hacer frente a dos cuestiones: la personalidad y el proyecto de vida. La primera va a la búsqueda de un equilibrio psicológico: llevarse bien con uno mismo y llevarse bien con los demás. La segunda habla de coherencia para programar la trayectoria de cada uno, porque la vida no se improvisa, sino que se diseña y se vertebra hacia adelante, en un proyecto que contiene cuatro argumentos: personalidad, amor, trabajo y cultura.

Por otra parte está la ILUSIÓN, que es la compañera invariable de la felicidad, por ello hay que inyectarla en todo nuestro proyecto de vida. No podemos vivir sin ilusiones. La ilusión es el aceite que sirve como bálsamo para curar nuestras heridas diarias. Si los años arrugan la cara, las desilusiones o la carencia de ellas arrugan el alma. Vivir con ilusión es sacarle el jugo a la vida, el “carpe diem quam mínimum crédula postero” de Horacio que español puede entenderse como “Aprovecha cada día, no te fíes del mañana” o el argumento genial de La sociedad de los poetas muertos.

Y considero que un propósito principal para ser feliz es vivir sin prisa. En efecto, todas las estampas ciudadanas de ahora nos la muestran, la prisa es ya una forma constante de vivir, yo diría, de existir, porque vivir es hacerlo racionalmente y en conciencia, prácticamente de un modo “artesanal”, amando lo que hacemos y dando lo mejor que tenemos. La vorágine existencial nos desubica, nos enajena y nos enferma, transformándonos en robots impersonales, ávidos de consumo y de placer. Estamos en el siglo de la depresión, y la prisa y todo lo que conlleva es una de sus principales causas. “El estrés mata más que el crimen”, decía una nota de Bibiana Belasso en el periódico La Razón, en donde comenta sobre la ansiedad como causa de diversas enfermedades y fenómenos que llevan inevitablemente a la muerte. Estudios revelan que existe un vínculo muy estrecho entre la disminución de la esperanza de vida y la sociedad cada vez más estresada. ¿Por qué?, por el alto consumo de opioides, bebidas alcohólicas y drogas, incluyendo el trabajo obsesivo y el sexo promiscuo, que nos conduce a un vacío existencial.

Por ello, queridas y queridos lectores, tengamos en verdad y en conciencia un ¡FELIZ AÑO 2020, VIVIENDO SIN PRISA Y CON ILUSIONES!

Gracias Puebla, te recuerdo: “LO QUE CUESTA DINERO VALE POCO”

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