Francisco Zarco: el periodismo de lucha del siglo XIX


26/12/2019 17:24

“La prensa no solo es el arma más
poderosa contra la tiranía y el despotismo,
sino el instrumento más eficaz y
más activo del progreso y de la civilización”.

Francisco Zarco

 

En este año de 2019 que está por culminar, se han cumplido 150 años del fallecimiento de Francisco Zarco, cuyo nombre completo es Joaquín Francisco Zarco Mateos. Él nació en Durango el 4 de diciembre de 1829 y murió el 22 de diciembre de 1869; es célebre por muchos hechos, pero, principalmente, por una de sus frases, que habla de la trascendencia del periodismo, la cual reza: “No escribas como periodista lo que no puedas sostener como hombre”; y que es una de las bases del quehacer del periodista y, sobre todo, de la ética que debe tener en su trabajo diario. Ahora bien, vale la pena preguntarse: ¿cuántos que se dedican hoy al periodismo hacen caso a esta sentencia?

Francisco Zarco fue político, periodista e historiador mexicano, miembro del Congreso Constituyente de 1856. En los debates del constituyente, a la vez que participaba dentro del partido liberal, llevaba a cabo los reportajes y la descripción de lo que sucedía en aquellas sesiones de lo que después fue la Constitución de 1857: la que —pudiera decirse en sentido estricto— es la que actualmente nos rige, pues basta con analizar el proemio de la Constitución de 1917, en donde indica que ésta es un Decreto que reforma la Constitución de 1857; es decir, no es una nueva Constitución ni abrogó la Constitución de 1857, sino que se trata de una serie de reformas constitucionales, que se debatieron en 1916, que produjeron reformas a aquella Constitución mexicana liberal de 1857.

Zarco fue perseguido, particularmente por los conservadores de aquellos tiempos, por sus ideales y, más que nada, por sus publicaciones; incluso, los propios liberales en muchas de las ocasiones no estaban de acuerdo con sus postulados. Por todo ello, incluso fue desterrado (vivió en el extranjero de la venta de sus publicaciones) y, en su momento, encarcelado en México. Muchas de sus sentencias bien que vale la pena re-leerlas y ponerlas en relieve, pues hoy día nos encontramos con los mismos males que acarreaba México hace más de 150 años, como lo que Zarco sostenía respecto a la educación nacional: “La educación es la base de la felicidad de las naciones, de las familias y de los individuos: la educación hace buenos padres, buenos hijos y buenos ciudadanos”. Bien parece que es el mismo mal y que estamos acarreándolo desde esos años; además, parece que no puede haber cambios en el país respecto de las crisis económicas recurrentes, la inseguridad pública extendida por todo el territorio nacional, si (en lugar de combatir estos males con leyes represoras) no se considera una revolución en las políticas educativas.

Todavía son vigentes frases como la que citaba el periodista mexicano decimonónico, por ejemplo: “Para que un gobierno administre bien a un pueblo, es preciso que lo conozca, que tenga datos seguros sobre sus necesidades, sus hábitos dominantes, sus tendencias sociales, en una palabra, el carácter de la nación que gobierna”. Es lo que hoy —pudiera decirse— es el problema que tienen los gobiernos en el mundo con la denominada “tecnocracia”; que, si bien es una palabra de nuevo ingreso en nuestro vocabulario, es precisamente lo que sucede cuando las leyes, las políticas públicas provienen de otras dimensiones ajenas a las necesidades y al sentido común del pueblo, y propias, por el contrario, de determinaciones técnicas, sobre todo las que tienen relación con la economía de las naciones, dado que dichas medidas se dictan y se aplican muy a pesar del pueblo y de los efectos que trae con la población.

Dentro de los derechos de la propia población, sostenía Zarco respecto de la libertad: “No queremos sólo libertad política, que sería quimera sin libertad en el trabajo, sin libertad individual, sin libertad de asociación”. Y esto es, precisamente, a lo que hoy se le denomina como la teoría de la conexidad de los derechos fundamentales, en donde todos se van conectando uno a otro, para que, así, el Estado deba protegerlos en su conjunto sin que se le dé prioridad a unos ni se excluya a otros. Por ello, actualmente, lo que se sostiene es que, si existe derecho de autonomía para las personas, entonces hay derecho a la intimidad; con ello, a la privacidad, y, desde luego, a las libertades: desde la libertad de pensamiento, pasando por la libertad de trabajo y, desde luego, hasta la libertad de prensa, que era una de las banderas por las que luchó este periodista mexicano que, desafortunadamente, cada día menos se recuerda.

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