La espiritualidad en los tiempos del Coronavirus

Esto es inusitado. Las calles semi vacías, las tiendas con compras de pánico, se suspendieron las clases y los eventos masivos; nos han pedido que nos aislemos para no contagiar o ser contagiados; la televisión y la radio solo nos alarman con incesantes noticias y reportajes sobre esta pandemia, que en México se reduce a 118 casos importados; nuestra vida de momento cambió, ya no vamos a trabajar, ya no nos saludamos, ya no nos abrazamos… se perdió el contacto, que de suyo era escaso, y ha surgido el miedo, que es exactamente lo contrario a la fe.

Ahora es cuando los que estamos en la espiritualidad debemos hacer uso de lo aprendido, ayudarnos y ayudar a nuestra gente, a los amigos y al prójimo para hacer frente a esta adversidad. El trabajo interior debe ser nuestro aliado para desafiar, no al coronavirus, sino al virus más peligroso que existe en la tierra, que es EL MIEDO.

Toda la teoría sobre el amor, la energía y la vibración debe ser utilizada en estas circunstancias. Debemos abrir nuestra conciencia y entender que “lo que es adentro es afuera” y que como seres de energía lo positivo atrae lo positivo y lo negativo, igualmente, atrae lo negativo. Hoy más que nunca “nuestra ecología emocional” tiene que sanearse y evitar toda toxicidad que nos envenene y perjudique.

No sé si esta pandemia se deba a un virus creado en un laboratorio o surgido por el rompimiento del orden natural, lo que sí sé es que esta psicosis que estamos viviendo ahora nos está provocando temor y miedo, aislamiento y separación; justo los ingredientes para llevarnos a la depresión y bajar nuestras defensas y nuestro sistema inmunológico, lo que traerá como consecuencia el contagio u otra enfermedad que pudiera ser más agresiva.

Por ello tenemos que parar este loco correr que solo nos está enfermando, y entender que es tiempo de fe, de amor, de compasión y solidaridad; que tenemos que entrar en contacto con lo sagrado y estar en unidad con lo Superior, para lograr una armonía y restablecer el equilibrio roto por el egoísmo y el odio que nos han envenenado. Todo lo que está ocurriendo nos debe hacer reflexionar para mostrarnos algo que de otra manera no podíamos ver.

Tenemos que aceptar el principio hermético de la vibración, que nada es estable y que todo cambia, empezando por nosotros. Hoy, con esta sacudida, nos hemos dado cuenta que somos altamente vulnerables como especie y que solo nuestro egoísmo nos ha llevado a la división y a la separación. Ahora entendemos que somos, por muy distantes que estemos, parte de una gran entramado que se llama humanidad, y que más allá de las fronteras artificiales, lo que le pasa a la gente al otro lado del mundo también nos afecta a nosotros.

Hoy, con este aislamiento forzado, quizá comprenderemos la necesidad de entrar a nuestro interior, a nuestra conciencia y a nuestro ser cristico, y darnos cuenta que no somos seres materiales que venimos a vivir una experiencia humana, sino seres espirituales que estamos viviendo humanamente; que en un momento todo lo material pasa a segundo término y solo quedamos “yo y mis circunstancias”; que todo es precario y relativo, empezando por nuestra vida, y que lo que importa es exactamente eso: ¡vivir en compasión y solidaridad.

Oscar Wilde dijo alguna vez que “atrás de las más grandes tragedias se esconden las mayores bendiciones” y esto que estamos viviendo, seguramente y con conciencia, nos dará la oportunidad de entenderlo y vivirlo en carne propia, retornando al amor y al cuidado de nosotros, de nuestros seres queridos y de Dios.

Gracias Puebla. Y recuerda: “LO QUE CUESTA DINERO VALE POCO”

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