Malas señales

En nuestra colaboración de hace poco más de un mes asentábamos en este mismo espacio que el gobierno de México parecía estar minimizando la amenaza de contagios masivos del coronavirus, aun cuando entonces el problema local y a nivel global era todavía incipiente.

Muchas cosas han ocurrido desde entonces.

Los casos detectados durante las semanas recientes han tenido un crecimiento exponencial impresionante y, en consecuencia, muchos países han reaccionado aplicando medidas prontas y drásticas, pero en México no parece ser así, no al menos con la dimensión y la celeridad que amerita la situación de emergencia.

Las determinaciones aquí aplicadas hasta ahora podrían ser las correctas, pero los tiempos y las formas definitivamente no. El mejor ejemplo de ello es la decisión de las autoridades educativas federales de adelantar y ampliar el periodo vacacional de Semana Santa, originalmente previsto del 6 al 20 de abril. Ahora el receso empezará el lunes 23 marzo y las clases se reanudarán el 20 de abril.

¿Y por qué no ahora mismo; acaso no era mejor aplicar tal medida en forma inmediata, desde esta misma semana, como lo han hecho instituciones privadas y públicas, entre ellas, antes que nadie, las del sistema del Tecnológico de Monterrey, que con puntual visión canceló todas las clases presenciales?

Otra reacción pertinente, pero de aplicación tardía que refiero a manera de ejemplo, es la que tiene que ver con la liga profesional de futbol. Mientras que en prácticamente en todo el mundo este fin de semana ya no hubo partidos, en México el torneo se mantuvo con libre acceso hasta el viernes pasado y fue hasta el domingo cuando se anunció que sería suspendido hasta nuevo aviso.

Cuesta trabajo entender cómo es que tampoco hubo restricción alguna en centros vacacionales, con motivo del puente laboral de este fin de semana. Con asombro nos damos cuenta que sitios de alta oferta turística estuvieron abarrotados; tan solo en los tres destinos de playa en el Estado de Guerrero, la ocupación fue del 92 por ciento.

De igual modo, es increíble la permisividad de las autoridades con el tránsito de miles de pasajeros, tanto en los aeropuertos nacionales como en las distintas centrales de autobuses y en las fronteras norte y sur del país.

Desconcierta también que mientras se sugiere evitar eventos públicos, el propio presidente de la República haya realizado varios actos masivos el fin de semana, en los que se permitió que la gente se acercara para saludarlo, incluso hasta AMLO cargó a una pequeña y le propinó varios besos en la mejilla.

Y qué pensar de la respuesta del subsecretario de Salud en el país, Hugo López Gatell, ante pregunta de reporteros en la mañanera de este lunes, sobre la posibilidad de un contagio en perjuicio del mandatario, a lo que contestó que “la fuerza del Presidente es moral, no es una fuerza de contagio”.

Y si a ello se suma el ambiente de polarización promovido por el propio gobierno federal, las dificultades de maniobra en tiempos difíciles serán más complicadas. Lo que ahora se requiere, además de información, es unión, coordinación, solidaridad social, más allá de a chairos y fifís.

Y así hacer más creíble, porque eso también hará falta, lo dicho por el mandatario, en el sentido de que “estamos preparados para enfrentar esta situación del coronavirus, tenemos lo médicos, los especialistas, hospitales, la capacidad para hacerle frente a este caso”.

Por lo visto hasta ahora, y derivado de los mensajes que la población percibe, queda claro que vamos atrasados, un paso atrás, y aunque los expertos prevén que la Fase 2 del contagio se dará entre el 20 y 30 de marzo, aplicar medidas precautorias de fondo desde ahora, sin postergación alguna, evitaría que el virus nos invada sin posibilidad de defensa, como ya ocurrió en Italia.

GRACIAS

Soliloquio dejará de publicarse en este espacio debido a que su autor formará parte del equipo que en fecha muy próxima dará vida a un nuevo medio de comunicación en Puebla, en versión impresa y digital.

En diversas etapas y sujetos siempre a las circunstancias, hemos colaborado en “El Sol de Puebla” desde hace poco más de 30 años. Gracias a todos quienes así lo han permitido, y mi absoluto aprecio a los lectores por su comprensiva y hasta compasiva fidelidad.

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