¿Qué nos está pasando?

Estoy francamente azorado, mi capacidad de asombro está rebasada entre la ficción y la realidad circundante; lo que está sucediendo en el país en términos criminales resulta inaudito: 10 feminicidios al día; aumenta 55% el secuestro de mujeres; el rapto a menores aumento en un 18%; de enero a septiembre de 2019, 2mil 833 mujeres han sido asesinadas en el país; 34582 asesinatos en el 2019 un promedio de 90 a 100 diarios; 30 mil menores de 17 años han sido reclutados por grupos criminales; 7 de cada 10 delitos de trata de personas involucra a menores de 17 años; 80% de los abusos a menores ocurren en el hogar, 1 de cada 3 adultos es víctima en México de un delito…Y a todo esto, a lo que podría aplicarse la mitología griega de todos los males escapados de “la caja de pandora” agregamos, que el 97 por ciento de las denuncias hechas en el año de 2019, quedaron impunes.

¿Qué nos está pasando? Me pregunto, los violadores, pederastas, secuestradores, asesinos y rateros no son extra-terrestres, ni siquiera de otro país, son gente como nosotros, que vive entre nosotros, que habla como nosotros y se divierte como nosotros; pero…probablemente viene de hogares disfuncionales, quizá también han sufrido agresiones, vejaciones y violencia sexual de sus mismas familias; su educación ha sido de mal ejemplo, de padre o madre alcohólicos; o bien han sido abandonados…nadie nace malo por naturaleza, la maldad es una actitud aprendida e imitada, en el hogar, en la escuela, o en la calle y en la sociedad.

¿Qué nos está pasando? me pregunto, en medio de esta ola de violencia incontenible, de odio y de división entre nosotros mismos; hartazgo de todo y por todo; señalamientos, descalificaciones desde la más alta tribuna del país, persecuciones fundamentalistas, insultos y procacidades en los medios de comunicación…una falta total de respeto a todo, privilegiándose en la sociedad, la banalidad, la procacidad, la sexualidad, el amor sin compromiso, como es el caso del Instituto de la Juventud (INJUVE) en la Ciudad de México, que está regalando cada viernes de febrero kits eróticos, que contienen condones, lencería, comestible y hasta vibradores, con el pretexto de promover “el sexo seguro”.

¿Qué nos está pasando? Me pregunto, cuando los mismos contenidos de las revistas de espectáculos, las redes sociales, la tele-novela el cine y contenidos en el internet, sin control alguno, incitan a la violencia, a la pornografía, al despropósito. Cuando la publicidad subliminal filtra imágenes de hombres y mujeres semidesnudos en actitudes eróticas.

¿Qué nos está pasando, cuando todo lo malo lo queremos atribuir a las autoridades, sin entender que nosotros mismos somos parte del problema. Hablamos de moralidad sin entenderla y por lo tanto sin practicarla. Hemos quitado a Dios de nuestras vidas; y como producto de nuestro más absurdo egoísmo hemos cavado nuestro propio infierno, que lo tratamos de ignorar con alcohol, con drogas o con sexo. Buscamos a toda costa el dinero, para tener poder, para mandar y sobajar a la gente. Trabajamos para aparentar y no para ser o para servir.

¿Qué nos está pasando? Me pregunto. Creo que es tiempo de reflexionar, y en un acto de mea culpa y de contrición, reconocer nuestras faltas de acción o de omisión, porque también el silencio mata. Y aceptar que somos parte del problema, que hemos extraviado los valores: el amor, el respeto, la gratitud, el perdón, la solidaridad y la compasión; y empezando por nosotros mismos, cambiar nuestras actitudes de indiferencia, de victimario o de víctima y con plena conciencia, empezar a limpiar nuestro interior de toda la basura acumulada; y proponernos, en la medida de nuestras circunstancias, iniciar una jornada de valores y de conducta proba, que eleve la energía de un país, que no merece estar, como lo está, en los últimos lugares mundiales de la corrupción y la impunidad.
GRACIAS PUEBLA.

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