¿Y si fuera la salud?


26/09/2019 23:02

Esta semana se está consumando la contrarreforma, o mejor dicho, el retroceso educativo. Realmente no es una contrarreforma, pues si bien hay algunas diferencias en el contenido y sustancia de la reforma educativa emanada del Pacto por México, éstas no pintan en su magnitud e importancia en relación al impacto de la entrega de la educación pública básica a los sindicatos de la educación. Por eso se trata de un retroceso. Todavía hay personas que no se dan cuenta, o prefieren no darse cuenta, de la magnitud de la regresión, y prefieren NO asumir una postura objetiva y sensata ante lo que representa este retroceso negociado entre la CNTE y el presidente López Obrador.

Por eso creo que vale esta analogía. Imaginemos que se trata de una reforma al Sistema Nacional de Salud. Su contenido radica en entregar a los trabajadores del IMSS y del ISSSTE de la Federación y de las entidades federativas el manejo de las clínicas y hospitales. Ahora, hipotéticamente, serán los trabajadores de base, los médicos y las enfermeras quienes decidirán si aceptan a un nuevo médico o enfermera en el hospital, decidirán sobre su avance jerárquico junto con las autoridades de la Secretaría de Salud. El sindicato, junto con la secretaría, decidirá cuáles serán los protocolos médicos que deberán seguir los doctores y las enfermeras en la atención de los pacientes en todo el país. Los sindicatos también determinarán cuáles enfermedades estarán en el cuadro básico de atención y cuáles no, determinarán dónde y a qué compañías se comprarán las medicinas, determinarán junto con alguna asociación de pacientes los trabajos de mantenimiento de los hospitales y las clínicas, en dónde se van a ubicar los nuevos médicos, en la ciudad o en el campo, en un hospital o en una clínica. Todos los médicos que egresen de las universidades públicas tendrán trabajo en algún hospital o clínica, sin ningún tipo de examen de ingreso ni tampoco estarán sujetos a evaluaciones de su desempeño. El sindicato decidirá a dónde se envían los nuevos médicos, en una comisión dictaminadora junto con funcionarios de la secretaría. El mismo sindicato decidirá qué sucede si algún médico en cuestión comete algún error o falta médica y cuáles serán las consecuencias. Y así, cuestiones relativas al servicio médico y administrativo relacionado con la salud.

¿Cuáles serán los incentivos para proveer un servicio médico de alta calidad, al menor costo posible? ¿Cuáles serán los incentivos para que un médico se actualice permanentemente si no hay ningún tipo de consecuencia si lo hace o no? ¿Frente a quién querrá un médico o una enfermera hacer méritos para que le vaya mejor en su trabajo, si el sindicato decide todo lo relativo a sus avances profesionales, dónde labora y en qué horarios? ¿Qué nivel de calidad y acceso a los servicios de salud resultará de un arreglo institucional de esta naturaleza? ¿Se sometería usted a que un médico sin que haya tenido capacitación adicional desde que se graduó, sin haber tenido algún examen de desempeño, le atienda en alguna enfermedad grave? ¿Se atendería en un hospital público si pudiera cubrir el gasto de atenderse en un hospital privado? ¿Quién es el responsable de secuelas o malos tratamientos, o incluso si fallece el paciente? ¿El sindicato?

Ahora, traslademos el mismo esquema institucional a la educación y hagamos las mismas preguntas, considerando las nuevas reglas del retroceso educativo impulsado por el presidente López Obrador y aprobado en estos días por Morena y sus aliados: ¿Cuáles serán los incentivos para proveer un servicio educativo de alta calidad, al menor costo posible? ¿Cuáles serán los incentivos para que un profesor se actualice permanentemente si no hay ningún tipo de consecuencia si lo hace o no? ¿Frente a quién querrá un maestro o maestra hacer méritos para que le vaya mejor en su trabajo, si el sindicato decide todo lo relativo a sus avances profesionales, dónde labora y en qué horarios? ¿Qué nivel de calidad y acceso de la educación resultará de un arreglo institucional de esta naturaleza? ¿Inscribiría usted a sus hijos en una escuela pública (aún pudiendo pagar una privada) cuyos maestros no hayan tenido capacitación adicional desde que se graduaron, sin haber tenido algún examen de desempeño, para que se encarguen de la educación de sus hijos? ¿Quién será el responsable de la mala educación que recibió el niño y quién pagará las consecuencias de que ese niño no salga adelante? ¿El sindicato?

Así de serio es el tema, así de grave es la traición del presidente López Obrador a los niños y niñas de este país, a los padres de familia y al futuro de México.

 

 

Enrique Cárdenas Sánchez

Universidad Iberoamericana de Puebla

Puebla contra la Corrupción y la Impunidad

enrique.cardenas@iberopuebla.mx

@EcardenasPuebla

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *