¿Y si todos los gastos fueran deducibles?


16/07/2019 11:29

“[…] será fundamental estudiar cuáles son las alternativas que no sólo permitan construir el buen vivir, sino preservar la vida”. Pablo González

En los últimos días, la administración pública federal ha intensificado la lucha para abolir la venta de facturas (a lo que se denomina como operaciones inexistentes o falsas); por tanto, se cuenta con oficinas de las autoridades fiscales en todo el territorio nacional que tienen como prioridad verificar los domicilios fiscales de los contribuyentes, su infraestructura, el personal que labora con ellos, todo con la finalidad de verificar que se expidan los comprobantes fiscales sin que amparen operaciones simuladas.

En la legislación hay procedimientos, infracciones, sanciones administrativas e, incluso, delitos fiscales que intentan combatir la expedición de los comprobantes fiscales; también hay personal en las autoridades fiscales, jueces, personal de juzgados, tribunales, magistrados, ministros, al tanto de la defensa de los contribuyentes sobre estos procedimientos que se implementan en su contra. Toda una medida para acabar con la expedición de facturas falsas; pero, en realidad, todo ello se hace por dos palabras que se establecen en la ley, en particular en la ley del impuesto sobre la renta: “estrictamente indispensable”. Esto quiere decir que las erogaciones de los particulares deducibles sobre los ingresos por los cuales pagan el impuesto sobre la renta deben ser estrictamente indispensables, es decir necesarias o indispensables para su operación. Por lo cual, para justificar gastos que no lo son así, no queda otra alternativa que las facturas apócrifas que amparan operaciones, a decir de la formalidad de esos documentos, estrictamente indispensables. Pero, ¿qué sucedería si todos los gastos resultarán deducibles?

Desde luego, de ser deducibles todos los gastos de los contribuyentes, se disminuye la recaudación del impuesto sobre la renta, pero se incrementaría el ingreso por el impuesto al valor agregado, pues se acrecentaría el consumo en el país. Además, no habría necesidad de expedir comprobantes fiscales falsos ni, menos aún, los contribuyentes no tendrían la necesidad de ocultar sus operaciones reales, pues todas resultarían deducibles. En realidad, esta es la mejor opción para acabar con toda esa serie de persecuciones, procedimientos, juicios, y ríos y ríos de tinta que se escribe al respecto; todo por dos palabras que, si se derogaran de la ley, se acabaría con la actividad de las operaciones inexistentes. De otro lado, provocaría otro fenómeno, posiblemente más complejo que la lucha contra los comprobantes fiscales falsos: el desempleo en las oficinas de las autoridades fiscales, en los tribunales y juzgados, etc. Por ello, desde el siglo XIX, Carlos Marx sostuvo que, de no existir delincuentes, el sistema debería inventarlos. Esto mismo lo dijo Zygmunt Bauman en el siglo XXI, pero respecto a los pobres. Decía que, de no existir ellos, el sistema tendría que inventarlos. Parece, pues, que el sistema necesita, en un principio, que haya delincuentes y pobres; además, que existan todos esos procedimientos de persecución de comprobantes fiscales falsos.

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