(Foto: Especial)

Fernando Manzanilla
09/23/2020 , 9:03 pm

Como ante un sismo, la pandemia exige prevención, solidaridad y resiliencia

Hace 35 años, justo cuando muchos nos alistábamos para ir a la escuela o al trabajo, un sismo de gran magnitud sacudió la zona centro del territorio nacional, dejando tras de sí una estela de destrucción y muerte, principalmente en la capital del país.

En aquel entonces, no estábamos preparados para enfrentar una tragedia de tales dimensiones. Como país, no contábamos con una política de prevención ni protocolos de actuación ante desastres naturales. Ante la tragedia, la autoridad quedó pasmada. En medio del desconcierto, de manera espontánea, la gente acudió a las zonas de desastre a brindar ayuda. De manera natural se formaron cuadrillas de rescate. Al cabo de unas horas, se organizaron brigadas para acopiar víveres, preparar alimentos y cobijar a los damnificados.

La generosidad surgida en medio de la emergencia se transformó en una gran fuerza solidaria que no solo nos permitió levantarnos como país, sino que marcó el inicio de una nueva etapa de desarrollo de lo que hoy se conoce cultura de la protección civil.

El primer paso hacia la institucionalización de la gestión del riesgo de desastres se dio en 1986 con el surgimiento del Sistema Nacional de Protección Civil. Por primera vez, se comenzaron a dimensionar de manera sistemática las amenazas naturales que enfrentaba el país dadas las condiciones geográficas que lo caracterizan. De esta manera, se comenzó a perfilar el mapa nacional de riesgos, identificando las principales zonas sísmicas, así como las áreas de riesgo por inundación y fenómenos meteorológicos.

Posteriormente, con miras a fortalecer el Sistema, se creó el Centro Nacional de Prevención de Desastres y el Fondo de Desastres Naturales. Y para consolidar el marco jurídico e institucional, se aprobó la Ley General de Protección Civil. Desde entonces, las y los mexicanos hemos desarrollado una sólida cultura de la prevención y hemos ampliado y consolidado nuestro proceso de aprendizaje frente a las diversas amenazas naturales.

Hoy contamos con un Consejo Nacional de Protección Civil y sus correlatos a nivel estatal; un Comité Nacional de Emergencias y un Sistema Nacional de Alertas que nos permite contar con información en tiempo real ante situaciones de emergencia, como sismos, tsunamis, erupción volcánica y huracanes. No olvidemos que en reconocimiento a este esfuerzo constante de aprendizaje, así como a nuestras aportaciones al desarrollo de una cultura global de la protección civil, México fue elegido en 2017, como sede del encuentro de la Plataforma Global para la Reducción del Riesgo de Desastres.

A 35 años de distancia de aquella tragedia que enlutó al país entero, hoy podemos decir que contamos con una cultura de la protección civil de vanguardia sustentada en una sólida coordinación institucional entre autoridades de los tres órdenes de gobierno y una estrecha comunicación con una sociedad civil bien organizada e informada.

Esta cultura se sustenta en tres pilares que, hoy más que nunca, debemos refrendar: la prevención, la solidaridad y la resiliencia. Para construir una sociedad resiliente, es decir, capaz de sobreponerse a una situación adversa, e incluso salir fortalecidos de ella, es necesario construir día a día una cultura de prevención fincada en la solidaridad, entendida como corresponsabilidad y convergencia de esfuerzos para alcanzar el bien común.

Hoy estamos viviendo una nueva tragedia. No es como un sismo o un huracán que de un solo golpe afecta a miles o a millones. Es una tragedia sanitaria, que poco a poco nos va golpeando, a veces sin que lo notemos. Frente a esta amenaza, considero que en lugar de “normalizar” la zozobra o el miedo, la nueva normalidad debe sacar a relucir el coraje, la cooperación y la solidaridad que las y los mexicanos solemos mostrar ante la tragedia. Tenemos que normalizar la prevención, el espíritu de equipo y de unidad que en otras ocasiones nos ha permitido salir adelante. Pero lo tenemos que hacer empujando todos en un mismo sentido, con el objetivo de construir algo mejor de lo que teníamos.

La solidaridad a la que debemos aspirar en esta tragedia, debe ser aquella que nos lleve a comportarnos con los demás de la manera como desearíamos que se comportaran con nosotros. Tengamos siempre presente que esa es una de nuestras principales fortalezas para salir adelante. Solo cooperando y sumando esfuerzos para alcanzar el bien común, podremos encontrar el camino para superar esta crisis y salir fortalecidos de ella.

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