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Crónica: Bad Bunny convierte el Super Bowl LX en un acto cultural

9 febrero, 2026 5:02 pm

Redacción

El Súper Bowl LX, siempre es el evento deportivo más visto de todo Estados Unidos. Y como año con año, la polémica siempre está presente entorno a este partido. No solo por el juego per se, sino por el show de Medio Tiempo, que en muchas ocasiones, es incluso hasta más visto que el propio partido.

Bad Bunny, encabezó el show de medio tiempo con un espectáculo que fue mucho más que una colección de éxitos. La noche del domingo 8 de febrero el Levi’s Stadium en Santa Clara, fue el epicentro de un concierto que generó disputa cultural, un homenaje a la identidad latina, inclusión e, inevitablemente, el impacto político de la presencia migrante en Estados Unidos.

Bad Bunny narró quién es, de dónde viene y a quién representa. En el Super Bowl, históricamente dominado por artistas angloparlantes, el Conejo Malo impuso su idioma, su ritmo y su estética.

El recorrido musical fue un viaje por distintas etapas de su carrera, pero también por la historia del reguetón. Cuando sonaron fragmentos de Gasolina de Daddy Yankee, Pa’ Que Retozen de Tego Calderón y Dale de Don Omar, el público se dio cuenta de que la música boricua y caribeña no es una moda que empezó ayer, sino que lleva decadas existiendo. El homenaje al llamado “reguetón viejito” no fue nostalgia gratuita. Hay una genealogía, una historia de barrio, de Caribe, de resistencia cultural que ahora desemboca en el evento deportivo más visto del planeta.

La Casita, el espacio íntimo que Bad Bunny ha llevado a su gira, trasladada ahora al Levi’s Stadium. Convertir un estadio de la NFL en una sala de estar caribeña fue, en sí mismo, una manera de hacerle ver a la sociedad estadounidense que América es un continente, y no un país.

Lady Gaga subió al escenario para interpretar Die With a Smile en versión salsa, mezclando universos musicales. Ricky Martin, apareció para cantar Lo Que Le Pasó a Hawaii, conectando generaciones y trayectorias. Pero quizás uno de los momentos más potentes fue la inclusión de un mariachi femenil: Mariachi Divas de Cindy Shea. Un homenaje directo a México y a las mujeres en la música regional, en un escenario donde históricamente han tenido poca visibilidad.

El show también incorporó Lengua de Señas Puertorriqueña (LSPR), un dialecto propio de la comunidad sorda de Puerto Rico.

El conjunto blanco diseñado por Zara, con el número 64 y la inscripción “Ocasio”, abrió múltiples interpretaciones. Desde un homenaje familiar hasta un símbolo personal. A eso se sumó un reloj Audemars Piguet de lujo, una forma en la que Bad Bunny unió sus dos estatus de “artista de y para el barrio” y de músico de élite.

En las pantallas apareció la frase: “Algo más poderoso que el odio es el amor”. Desfilaron banderas de países de América Latina. Al final, Bad Bunny levantó un balón con la frase “Together, We Are America” (“Juntos, somos América”). En un contexto donde la comunidad migrante latina enfrenta políticas restrictivas, discursos de odio y estigmatización, ese mensaje nos recuerda a lo dicho por Billie Eilish durante la ceremonia de los Grammys: “Nadie es ilegal en tierra robada”

Donald Trump calificó el show como “absolutamente terrible” y “uno de los peores de la historia”, criticando tanto la música como el mensaje implícito. Al mismo tiempo, la cuenta oficial de la Casa Blanca publicó el lema “Make America Great Again” al inicio del show, en lo que muchos interpretaron como un berrinche por parte del mandatario.

Mientras millones veían a Bad Bunny, más de seis millones de personas siguieron una transmisión alternativa organizada por Turning Point USA, con artistas como Kid Rock y respaldada por figuras del movimiento MAGA. Dos shows de medio tiempo, dos visiones de país, transmitidas en paralelo. Difícil encontrar una imagen más clara de la división cultural en Estados Unidos.

En redes sociales, las reacciones fueron igual de intensas. Desde aplausos por la representación latina hasta críticas por “politizar” el espectáculo, o incluso por la “tibieza” del mismo, al tener un mensaje entorno al amor y no al odio.

Hubo también momentos personales. Bad Bunny, al finalizar, agradeció a su staff con un mensaje emotivo: “Esto es por nosotros, por nuestra familia, por nuestra cultura”.

Incluso hubo una boda real durante el show, reportada por Variety. Una celebración literal de unión, en medio de un ambiente político pesado en el que las brechas culturales y etnicas están tan remarcadas.

Después, Bad Bunny borró todo el contenido de su cuenta de Instagram, un movimiento típico previo a anuncios importantes. Las especulaciones no tardaron: nueva música, más fechas de gira, ¿regreso a México? El timing no parece casual.

Bad Bunny no dio un discurso político tradicional. No necesitó hacerlo. Su mensaje estuvo en el idioma, en los invitados, en las banderas, en la inclusión, en el balón que levantó al final. En el simple hecho de ocupar el escenario más visto del país con una identidad que durante décadas fue tratada como periférica.

El Super Bowl, por una noche, dejó de ser solo futbol americano. Fue un espejo de una sociedad en transformación. Y Bad Bunny, con reguetón, salsa, mariachi y señas, se convirtió en uno de sus principales narradores.

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