¿De qué te preocupas?

Sí lo sé, yo también estoy viviendo como tú tres pandemias. El Covid-19, la economía y la ignorancia nos azotan despiadadamente. Y al punto en que nos encontramos ha llegado el momento de quitarnos las vendas de los ojos y empezar a caminar por nuestros propios medios, sin esperar nada de nadie y mucho menos del gobierno que ha manejado erráticamente estos problemas.

Pero volviendo en forma positiva al tema que hoy abordo, a propósito de todo esto y con el mejor ánimo de ofrecer un paliativo que permita otro punto de vista a estas ominosas circunstancias que todos estamos viviendo, te pregunto: ¿DE QUÉ TE PREOCUPAS? Tienes vida y tienes salud, ¿no consideras esto ya un privilegio? Mira a tu alrededor, en hospitales y funerarias la enfermedad y la muerte se han manifestado abruptamente -ya se habla, fuera de las cifras oficiales, de más de cien mil muertos en México por el virus que cambió nuestras vidas-.

Pero recordemos que una cosa es la vida y otra nuestra vida, y de ella nosotros somos los que la hacemos y la vamos conformando de acuerdo a nuestra realidad y preparación o sabiduría. La vida sigue transcurriendo allá afuera, el sol sigue saliendo, la luna de maíz de septiembre ha sido hermosa y el campo está floreciente, agradeciendo las lluvias, las flores y los cantos de las aves. Si nos damos cuenta, en la naturaleza no existe la pandemia, es más, con nuestro confinamiento los animales salieron nuevamente a retozar y los árboles han sido respetados.

Entonces, el problema está en nosotros y en nuestra forma de ver las circunstancias, ¿no es cierto? ¿Qué ganamos con preocuparnos? Lo único que conseguimos es debilitar nuestros sistemas inmunológicos (él físico y él espiritual) y que el miedo, por la ignorancia, nos amenace y nos destruya.

Recuerda que somos seres espirituales viviendo una experiencia material y que por lo tanto venimos del amor para el amor. Estar tristes es una pérdida de tiempo, por lo tanto, hay que vivir enamorados de la vida, de la nuestra y de la de nuestros seres queridos… y fluir con las circunstancias, aceptando todo como la obra de DIOS o con el permiso de DIOS y en consecuencia bendiciendo y agradeciendo.

Sí, cuidemos nuestra salud y defendamos la vida que es nuestro don más preciado, pero que eso no arruine nuestra felicidad, porque entonces sería contradictorio e irónico. El Dalai Lama lo dijo cuando le preguntaron qué era lo que más le sorprendía de la humanidad: “El hombre, porque sacrifica su salud para ganar dinero, y cuando lo consigue sacrifica su dinero para recuperar la salud. Y está tan ansioso por el futuro que no disfruta el presente; el resultado es que no vive ni el presente ni el futuro; vive como si nunca fuese a morir y entonces muere sin haber vivido realmente nunca.”

La pandemia económica la superaremos con trabajo, con esfuerzo, con imaginación y creatividad; en la economía formal o informal, pero la superaremos. DIOS nunca nos dará una carga que no podamos llevar porque ÉL sabe hasta dónde nuestras fuerzas llegarán y lo que necesitamos para evolucionar y llegar a ser felices. Solo tengamos FE en SU DIVINA MISERICORDIA. Recuerda que no es más rico quien más tiene, sino quien menos necesita. Tener mucho no significa ser más feliz. Como decía el gran Facundo Cabral, “pobrecito mi patrón, piensa que el pobre soy yo” y “para qué quiero tener seis, si solo puedo contar hasta tres”. Buda decía a propósito: “la riqueza consiste mucho más en el disfrute que en la posesión”.

Así que entonces, ¿de qué te preocupas? Trata de ser feliz en medio de todo esto que representa una inigualable oportunidad para despertar y abrir tu conciencia, y de una vez por todas vivir intensamente la vida, en el aquí y en el ahora.

Saludos Puebla y recuerda: “LO QUE CUESTA DINERO VALE POCO”.

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