Desde la incertidumbre

Preguntarse por el futuro es algo propio del ser humano. Pero vivir aislado mientras nos hacemos preguntas metafísicas no lo es, salvo que estuviéramos secuestrados o en prisión, pero… ¿acaso no lo estamos ahora? ¿Qué significa estar en casa por más de cien días y solo salir por lo indispensable, encubiertos de la cara y sin hablar con nadie? Nuestro cerebro reptiliano recuerda ahora sus orígenes, al hombre de las cavernas, cuando encerrado en su cueva esperaba incierto y con miedo la terminación de la tormenta o la retirada de los depredadores. La misma soledad, el mismo miedo, la misma incertidumbre, pero ahora con cubre bocas y un signo de interrogación.

Las llamadas por celular o las videoconferencias nos parecieron novedosas y divertidas, hacer ejercicio en casa fue una alternativa y practicar el arte de cocinar fue un intento frustrado que nos deparó algunos accidentes; leer un buen libro y ver interesantes películas hacía parecer que los domingos se prolongaban; para muchas parejas hacer el amor llegó a ser tedioso y frustrante hasta el cansancio. La convivencia constante y obligada llevó al clímax del desencuentro en no pocos casos y la violencia familiar aumentó.

Y es que la incertidumbre se empezó a prolongar. Parecía que la pandemia en muchos países estaba cediendo, pero nuevos rebrotes en España, en China y en los Estados Unidos -sobre todo en Texas y Florida- nos entristeció nuevamente, y la esperanza plegó sus banderas. Y empezaron las interrogantes del aquí y el ahora. ¿Cómo pagaré mis deudas?; ¿qué pasará con mi trabajo?; ¿cómo explicarles a los niños que se ha muerto el abuelo?; ¿habrá colegio en septiembre?; ¿qué hacer ahora que papá ya no está?; ¿tendremos que llevar mascarilla siempre?; ¿se descubrirá pronto una vacuna?

Y mientras tanto afuera la criminalidad desatada. Los “abrazos y no balazos” son una ironía criminal; el poder del Estado no está presente y manifiesto; el país es tierra de nadie, o más bien, de la narco delincuencia, de los huachicoleros y de las bandas criminales. Este es el mes de más alta violencia en los tres últimos sexenios. El feminicidio ha aumentado más que nunca y los robos y asesinatos están a la puerta de las casas. Parece que no hay gobierno, ni federal, ni estatal, ni municipal, y más aquí en Puebla, peleándose entre ellos mismos. Se están creando más crisis, más allá de la pandemia.

¿Qué significado tiene esta incertidumbre? Por un lado la ubicuidad de la ansiedad y de la inestabilidad, por otro la posibilidad de recomenzar, de crear algo nuevo en nosotros y en la vida de los demás. Considero que es válido permitirnos el malestar, porque no estamos preparados para este tiempo tan prolongado de incertidumbre. Todo ese exceso de protagonismo y esa falsa sensación de control con que veníamos viviendo antes de la pandemia se ha difuminado por completo, y esta ansiedad revela nuestra incapacidad para vivir con la incertidumbre y aprovechar la experiencia que hemos tenido de la introspección en este aislamiento. ¿Quién soy?; ¿qué estoy haciendo aquí?; ¿por qué ha sucedido todo esto? La contestación genuina a estas interrogantes nos dará la medida de nuestra actuación futura.

El Covid 19 ha destruido completamente la temporalidad. El reloj y el calendario han dejado de tener precisión y desempeño. Pero irónicamente este virus nos ha hecho más humildes y conscientes de nuestra vulnerabilidad, lo que nos permitirá a futuro, si aprendimos la lección, ser más solidarios y menos competitivos, en un desarrollo sostenible de nuestra propia subsistencia. Preparémonos ahora para enfrentar nuestra nueva realidad.

Gracias Puebla. Y te recuerdo, hoy más que nunca, “LO QUE CUESTA DINERO VALE POCO”

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