PUEBLA, México.- Implementar de inmediato medidas de difusión para prevenir y contener el Coronavirus en las 32 entidades de la república mexicana, luego de haberse registrado los primeros casos en el país, fue el punto de acuerdo presentado por el legislador federal Fernando Manzanilla Prieto en la Cámara de Diputados. (Foto: Archivo)

Fernando Manzanilla
04/01/2020 , 7:39 pm

Distanciamiento social: el impacto económico de quedarse en casa

Por Fernando Manzanilla

 

Diversos estudios demuestran que la única forma de disminuir la velocidad de propagación del COVID-19 es interrumpiendo las cadenas de transmisión. Y eso solo se logra aplicando medidas de distanciamiento social.

Quedarse en casa ha demostrado ser la medida más eficaz para contener la velocidad de propagación del virus. Así lo demuestran los casos de Japón, Singapur y Hong Kong que han logrado impedir el crecimiento explosivo del brote.

La lógica es simple: desde una perspectiva de salud pública, la política de distanciamiento social tiene como objetivo “achatar” la curva epidemiológica mediante la reducción del contacto de persona a persona. Al “achatar” la curva epidemiológica se salvan vidas, ya que se logra extender en el tiempo el número de contagios, lo que permite que el sistema hospitalario atienda la demanda de atención especializada.

Si se aplica una política de distanciamiento moderado, en el que la mayoría de la gente se queda en casa y solo una parte continúa con sus actividades normales, es previsible que más personas se mantengan saludables. Pero si se aplica una política de distanciamiento social extensivo, la curva de infectados será más plana y se tendrán más posibilidades de salvar a un mayor segmento de la población vulnerable de mayor riesgo.

El problema es que el costo de “achatar” la curva epidemiológica es muy alto ya que implica reducir la actividad económica. Lo que eventualmente provoca una recesión. Algunos analistas han dicho que la recesión es, por así decirlo, una medida necesaria de salud pública. Al “achatar” la curva de infección, inevitablemente crece la curva de recesión económica. Enfrentar este trade-off es inevitable, y eso lo que seguramente explica el aplazamiento de medidas de contención ante la pandemia.

El riesgo consiste en saber en qué momento aplicar las medidas de distanciamiento, ya que su impacto económico es muy alto. Si se aplican con demasiada antelación se puede generar una recesión prolongada con un impacto negativo en el nivel de vida de la población. Pero si se aplican demasiado tarde, el crecimiento exponencial de casos superará la capacidad hospitalaria con el consecuente costo en vidas.

Por ello, además de aplicar medidas de contención para “achatar” la curva epidemiológica, el gobierno debe aplicar también las medidas adecuadas para “achatar” la curva de recesión económica. Así lo han hecho diversos países que están adoptado medidas contracíclicas de carácter preventivo.

Con este mismo propósito, nosotros debemos impulsar un conjunto de medidas para proteger el empleo e ingreso de los trabajadores, preservar la planta productiva nacional (en particular la de las Micro, Pequeñas y Medianas Empresas), así como mantener la estabilidad macroeconómica.

Estas medidas deberán contemplar la flexibilización de la política fiscal, la baja en las tasas de interés, el impulso del gasto público y otros mecanismos extraordinarios para enfrentar el impacto recesivo del coronavirus en nuestro país.

La crisis de salud será transitoria (eventualmente surgirá un medicamento eficaz o una vacuna). En cambio, el daño económico derivado del distanciamiento social será enorme si no hacemos algo para evitarlo. No hay tiempo que perder. Si ya sabemos que la pandemia va a ocasionar una crisis económica, más profunda que la de 2009, más vale que hagamos algo desde ahora para apoyar la economía de las familias que más lo resentirán.

Debemos compensar cuanto antes el impacto económico de quedarnos en casa, o de lo contrario el daño podría ser permanente y, por tanto, aún más letal que la propia pandemia.

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