¿El cerebro es capaz de percibir una presencia durante una situación extrema?
Exploradores, montañistas y personas en situaciones límite han descrito la sensación de estar acompañados por una figura invisible que parece ayudarlos a sobrevivir.
Hay momentos en los que el cerebro humano recurre a ciertos mecanismos para mantenernos con vida. Uno de ellos es conocido como síndrome del tercer hombre, una experiencia descrita por personas que han atravesado situaciones de extremo peligro, aislamiento o agotamiento físico.
Quienes lo experimentan aseguran sentir la presencia de alguien más a su lado, aunque físicamente se encuentren solos. En algunos casos, esa presencia puede percibirse como una persona que camina junto al sobreviviente, mientras que en otros parece ofrecer indicaciones, advertencias o incluso apoyo emocional.
El nombre del fenómeno está relacionado con el explorador británico Ernest Shackleton, quien durante una expedición a la Antártida relató que, mientras atravesaba una zona de hielo junto con otros dos hombres, tenía la impresión de que eran cuatro.
Odysseus was real and his name was Ernest Shackleton pic.twitter.com/DWWBmOI5VF
— Criminal Penguin (@Crime_Penguin) July 8, 2026
Desde entonces, esta sintomatología se ha documentado experiencias similares entre montañistas, exploradores polares, navegantes y personas atrapadas en situaciones de desastres y que, bajo coincidencia destacan percibir un elemento común: la presencia de alguien más.
¿Una reacción cerebral o de ambiente?
Aunque a ciencia cierta se desconoce el motivo o la razón que lo desencadena, este fenómeno se ha relacionado con factores como aislamiento, agotamiento, falta de sueño, deshidratación, frío extremo y disminución del oxígeno, especialmente en grandes altitudes, como ocurre con alpinistas.
Entre varias hipótesis, una señala la razón a ciertas alteraciones en la forma en que el cerebro integra la información relacionada con el propio cuerpo y el entorno. Particularmente en la zona temporoparietal derecha, una región involucrada en la percepción corporal y espacial.
Expertos señalan que, entre las reacciones diversas del cerebro, sobre todo en condiciones extremas, la capacidad de la mente puede tener dificultades para interpretar correctamente las señales sensoriales y producir una sensación de presencia ajena.
Lo llamativo es que esa presencia no necesariamente resulta aterradora. Muchos testimonios la describen como tranquilizadora, protectora o incluso orientadora, algo que ha llevado a algunos investigadores a considerar que podría funcionar como una respuesta de adaptación ante situaciones de supervivencia.






