Venezuela en crisis

El reacomodo del poder en Venezuela tras la captura de Maduro

8 enero, 2026 7:17 pm

Redacción

La captura de Nicolás Maduro el pasado 3 de enero por fuerzas estadounidenses es un quiebre definitivo en la estructura de poder del chavismo. Tanto por la ausencia del hombre que encabezó el régimen durante más de una década, como por la rapidez con la que se activaron mecanismos internos de sustitución, control y depuración dentro del aparato político y militar venezolano. En ese contexto, la caída del general Javier Marcano Tábata y la creciente presión internacional sobre Diosdado Cabello permiten observar con claridad las tensiones que atraviesan al núcleo duro del poder en Caracas.

VENEZUELA | El cese del jefe de contrainteligencia de Maduro abona la  hipótesis del 'topo' de la CIA en el equipo de seguridad

Marcano Tábata no era un funcionario más. Como director de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM) y jefe de la Guardia de Honor Presidencial, concentraba dos de los dispositivos más sensibles del régimen: la inteligencia interna y la protección directa del jefe de Estado. Su destitución, ordenada por la presidenta interina Delcy Rodríguez, se produjo pocos días después de la operación estadounidense que terminó con Maduro detenido y trasladado a Nueva York para enfrentar cargos por narcoterrorismo.

La información sobre su situación personal es escasa y contradictoria. De acuerdo con reportes no confirmados, el general habría sido arrestado. Lo cierto es que su salida se dio en silencio, mediante un comunicado burocrático. Los rumores, sin embargo, son persistentes ya que: se le acusa de haber desactivado protocolos clave de defensa aérea en Fuerte Tiuna y de haber facilitado la llamada “ruta de extracción” utilizada por el comando estadounidense.

La hipótesis de una traición en el corazón del sistema de seguridad explicaría la magnitud del fracaso militar: 77 muertos, entre ellos 43 militares venezolanos, 32 ciudadanos cubanos integrados al anillo de seguridad presidencial y dos civiles. También explicaría por qué el régimen, ahora encabezado de manera interina por Rodríguez, optó por un relevo inmediato y por un cierre informativo casi total.

El reemplazo de Marcano Tábata por el general Gustavo González López no supone, sin embargo, un giro en materia de derechos humanos o prácticas de seguridad. González López dirigió durante años el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin), señalado por Naciones Unidas como responsable de torturas, detenciones arbitrarias y tratos crueles en centros como El Helicoide.

Mientras tanto, la atención de Washington se ha desplazado hacia otros actores clave del chavismo. En particular, hacia Diosdado Cabello, actual ministro del Interior, Justicia y Paz, secretario general del Partido Socialista Unido de Venezuela y una de las figuras más importantes del régimen desde sus orígenes. Estados Unidos ofrece hoy 25 millones de dólares por información que conduzca a su captura, una cifra que lo coloca al nivel de criminales internacionales relacionados a Al Quaeda y líderes del narcotráfico.

La acusación formal contra Cabello incluye cargos por conspiración de narcoterrorismo, tráfico de cocaína y uso de armas en apoyo a actividades criminales. Washington, con estas sanciones está equiparando al estado venezolano con organizaciones criminales transnacionales. De la misma forma se inscribe la recompensa de 15 millones de dólares por el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López.

Cabello niega todas las acusaciones y se presenta como un dirigente político enfrentado al “imperialismo”. Su trayectoria es conocida: militar de formación, participante del intento de golpe de Estado de 1992 junto a Hugo Chávez, gobernador, ministro, presidente de la Asamblea Nacional y figura central del chavismo durante más de dos décadas. Tras la muerte de Chávez, fue relegado en la sucesión presidencial, pero nunca perdió influencia real.

Hoy, con Maduro fuera del juego, Cabello vuelve a aparecer como un actor decisivo. Aunque Delcy Rodríguez asumió la presidencia interina con respaldo institucional, su margen de maniobra es limitado. Estados Unidos ha dejado claro que evalúa cada uno de sus movimientos y que no descarta nuevas acciones militares si no se cumplen ciertas exigencias, entre ellas las relacionadas con el petróleo venezolano.

Cabello representa un factor de incertidumbre. Para algunos analistas, es el principal riesgo para cualquier intento de transición controlada. Su control sobre fuerzas de seguridad y milicias, así como su discurso confrontativo, lo convierten en una figura capaz de desestabilizar cualquier acuerdo. No es casual que funcionarios estadounidenses hayan advertido, a través de intermediarios, que podría enfrentar un destino similar al de Maduro si desafía abiertamente las condiciones impuestas.

La destitución de Marcano Tábata, la presión sobre Cabello y la vigilancia internacional sobre Rodríguez revelan un régimen con fisuras evidentes. Lo que ocurra en las próximas semanas será determinante. Si el gobierno interino logra asegurar un mínimo de estabilidad o si, por el contrario, las tensiones internas derivan en nuevas purgas o enfrentamientos. En cualquier caso, Venezuela ha entrado en una etapa distinta, donde el poder es controlado en tribunales federales de Estados Unidos y en despachos donde se decide el futuro de uno de los países con mayores reservas petroleras del mundo.





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