03/04/2021 , 2:02 pm

En la ruta del día de la mujer

En todos los textos religiosos como el “Pentateuco” para los judíos, los “Evangelios” del cristianismo y en el libro sagrado de los mahometanos “El Corán”, siempre se manifiesta una preferencia que bien se podría llamar “teológica del hombre sobre la mujer”

Por ejemplo, en el primer libro del Pentateuco el Génesis que significa nacimiento o inicio, se narra el pecado de Adán y Eva, por no obedecer la orden del todo poderoso de no comer un fruto prohibido, pero al darse cuenta el señor Dios que lo han desobedecido, regaña fuertemente al hombre, a Adán, pero Adán astutamente responde “la mujer que me diste por compañera, me ofreció el fruto y lo comí”.

Es en este momento con esta parábola o historia, cuando se inicia una serie de mentiras sobre el papel de la mujer en la pareja.

Tácitamente Eva, la mujer, es culpable de la desobediencia.

Es aquí cuando se produce el origen de la cultura judeo-cristiana que marca la diferencia y muestra cómo el hombre está por encima de la mujer dando inicio al patriarcado.

Aunque hay que reconocer que más bien se trata de un matriarcado porque está claro que es la mujer la que crea vida y da a los hijos; en tanto el hombre se dedicará a trabajar en la agricultura, la pesca y la caza como proveedor de los alimentos para su mujer y sus hijos.

Esto lo cito en vísperas de una jornada mundial en la que se coloca al centro a la mujer que ya se encuentra muy lejos de la leyenda de subordinación, aunque hay que admitir que en pleno siglo XXI persisten algunos lugares en el mundo, o sociedades supercapitalistas en las que se ha creado un movimiento llamado “feminismo” y que como todo movimiento presenta diversas diferencias sobre todo en zonas geográficas o en países donde la pobreza representa un flagelo.

Y este crece y se profundiza con la pandemia que trajo el coronavirus que ha acelerado la pobreza, el sometimiento, al tiempo de dejar en manos de la mujer mayores responsabilidades como proveedora, procuradora de salud, de estabilidad, sin faltar al histórico rol de amorosa y protectora de su descendencia y de quienes la rodean.

Abracémonos mujeres, estamos hechas para la guerra y el amor.


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