Europa pide que las gafas inteligentes adviertan cuándo están grabando
En un debate que cuestiona seguridad y privacidad, el Comité Europeo de Protección de Datos advirtió que las gafas inteligentes pueden captar imágenes y audio sin que las personas alrededor lo sepan. Propone señales visibles y confiables para proteger la privacidad, especialmente en escuelas, hospitales y lugares de trabajo.
Las gafas inteligentes deben advertir de manera clara cuándo toman fotografías, graban video o capturan sonido, reclamó este martes el Comité Europeo de Protección de Datos (EDPB), ante los riesgos que estos dispositivos representan para la privacidad y las libertades individuales.
El organismo señaló que, aunque las gafas conectadas ofrecen nuevas posibilidades de comunicación, asistencia e innovación, su apariencia similar a la de unos lentes convencionales puede dificultar que otras personas sepan cuándo están siendo grabadas.
Anu Talus, presidenta del EDPB, sostuvo que las funciones de grabación deberían identificarse mediante mecanismos visibles y comprensibles, como luces LED, señales acústicas, comandos de voz, notificaciones que respeten la privacidad o diseños distintivos.
La recomendación forma parte de una declaración no vinculante adoptada por el organismo europeo el 13 de octubre. Aunque no constituye por sí misma una prohibición general de estos dispositivos, pone el acento en la transparencia y en las obligaciones de protección de datos que deben cumplir las empresas que los fabrican y los servicios vinculados a ellos.
Escuelas, hospitales y espacios laborales, entre los entornos sensibles
El regulador advirtió que el riesgo de captación inadvertida de información aumenta en lugares donde las personas pueden encontrarse en situaciones de vulnerabilidad o manejar datos sensibles, como hospitales, centros educativos y espacios de trabajo.
La preocupación también abarca a los menores de edad, tanto cuando utilizan estos dispositivos como cuando son grabados por otras personas. Las imágenes o los audios captados podrían compartirse posteriormente en redes sociales, lo que amplía las consecuencias de una grabación realizada sin conocimiento de quienes aparecen en ella.
El debate no se limita a si una cámara puede grabar en un espacio público. También incluye quién recopila los datos, para qué los utiliza, cómo los almacena y si su tratamiento cumple con las normas aplicables de protección de datos personales.
Un mercado en expansión
Las gafas inteligentes incorporan cámaras, micrófonos, sensores, altavoces y, en algunos modelos, pantallas integradas en los cristales. Su atractivo radica en permitir que las personas tomen imágenes, reciban información o utilicen funciones digitales sin tener que sostener un teléfono.
Meta, uno de los principales actores del sector, afirma que sus gafas cuentan con una luz LED que parpadea durante la captura de fotografías o video y que no puede desactivarse sin inutilizar la cámara. Sin embargo, el debate regulatorio se centra en que las señales sean suficientemente visibles, confiables y difíciles de ignorar para quienes están alrededor.
De acuerdo con las cifras de mercado citadas por la consultora Omdia, durante 2025 se vendieron 8.7 millones de pares de gafas conectadas en todo el mundo, un volumen todavía muy inferior al de los teléfonos inteligentes. La expansión de estos dispositivos, no obstante, ha intensificado las discusiones sobre sus límites y su regulación.
A comienzos de octubre, Noruega anunció su intención de restringir temporalmente su uso en determinados espacios, incluidos centros educativos, hospitales, museos, centros comerciales y gimnasios.








