Manzanilla presenta Punto de Acuerdo para implementar política de condonación (Foto: Especial)

Fernando Manzanilla
08/12/2020 , 9:38 pm

Evitemos que las clases a distancia generen mayor exclusión y baja calidad educativa

Desde mi punto de vista, la disposición de que este año las clases sean impartidas a distancia es, dadas las circunstancias, una decisión acertada. Sin embargo, es importante que, como sociedad, tengamos en cuenta los retos que implica hacerlo a través de la televisión y la radio; y más importante aún, que tengamos presentes los riesgos que ello entraña en términos de exclusión de amplios grupos sociales que viven en condiciones de vulnerabilidad.

La pandemia no solo ha evidenciado muchos de los problemas de la educación pública en México, sino que ha venido a exacerbar su carácter excluyente al dejar fuera de su alcance y beneficios a los sectores que padecen mayores condiciones de pobreza y marginación.

En términos pedagógicos, con el programa Aprende en Casa, la autoridad educativa ha optado por privilegiar un modelo que los expertos denominan de “igualdad sustantiva”. Este esquema, cuya prioridad es ampliar lo más posible la cobertura educativa, es opuesto al modelo denominado de “equidad inclusiva”, que busca adecuar contenidos y estrategias de enseñanza-aprendizaje en función de las necesidades y condiciones socioeconómicas de cada grupo o sector escolar. Lo anterior implica que, en aras de llegar al mayor número de educandos, se ha adoptado un esquema educativo más estandarizado, aunque ello signifique “sacrificar” a quienes tienen necesidades y condiciones educativas especiales.

Por ejemplo, el modelo deja fuera del alcance del proceso educativo a aquellas personas que no cuentan con servicio eléctrico, ya sea porque no existe la infraestructura o porque no tienen dinero para pagarlo. En México se estima que alrededor del 1.5% de la población no cuenta con luz eléctrica y que, desde antes de la pandemia, al menos 12 millones de mexicanos vivían en condiciones de “pobreza energética”, es decir, que tenían que elegir entre pagar la luz, el gas o comer.

También pone en riesgo la educación de quienes no cuentan con un aparato de televisión adecuado para recibir señal de alta definición. Se estima que alrededor del 10% de los hogares en el país no cuenta con un aparato de televisión; y que, de los que sí tienen, solo el 76% cuenta con uno digital capaz de captar la señal de alta definición abierta. Y aunque la alternativa puede ser la radio, es claro que la imposibilidad de acceder a contenidos visuales puede afectar la calidad del proceso de enseñanza-aprendizaje.

Finalmente, el modelo adoptado pone en riesgo la educación de 600 mil alumnos con discapacidad. Aquí vale la pena tomar en cuenta que, desde antes de la pandemia, ya teníamos un problema: según cifras oficiales, el sistema de educación pública solo atendía al 28% de los 2.1 millones de niños y jóvenes entre 5 y 19 años que padecen algún tipo de discapacidad. Ahora, con la pandemia, el modelo de educación a distancia simplemente no considera ninguna diferenciación de contenidos ni estrategias docentes para personas con discapacidad.

A pesar de que la autoridad ha señalado que todas las transmisiones de televisión contarán con traducción en lengua de señas y subtítulos, y que los libros de texto se editarán en Braille y en Macrotipo, es claro que muchas personas, con otro tipo de discapacidades, quedarán excluidas del esquema, por ejemplo, quienes padecen algún tipo de problema leve de aprendizaje como déficit de atención o hiperactividad.

También quedarán excluidos quienes dependen fuertemente del apoyo docente o que se ven seriamente afectados por los cambios en las rutinas escolares, como los que padecen algún tipo de trastorno del espectro autista. En los hechos, toda la responsabilidad de estos niños y jóvenes pasará del docente a los padres de familia; en especial de las madres.

En suma, la pandemia ha puesto en riesgo, como nunca antes, el derecho de nuestras niñas, niños y jóvenes a una educación inclusiva y de calidad. Entiendo que en las circunstancias actuales el modelo educativo adoptado tiene la ventaja de llegar a un mayor número de personas gracias a la señal de radio y televisión, sin embargo, su mayor desventaja es que sacrifica calidad al desaprovechar los avances alcanzados en el desarrollo de plataformas digitales de educación a distancia a través de Internet.

A diferencia de otros países de América Latina que estaban muy bien preparados para la enseñanza on-line, en México la falta de acceso a Internet ha limitado el aprovechamiento generalizado de las Tecnologías de la Información y la Comunicación en el proceso educativo. Lo que sin duda, tendrá un alto costo en términos de desarrollo de competencias y desigualdad social.

Esto nos obliga, por un lado, a repensar el papel de los maestros y padres de familia para complementar el esquema educativo adoptado con el objetivo de que nadie se quede atrás; y, por otro, a invertir mayores recursos públicos en accesibilidad y desarrollo de competencias digitales, tanto para nuestros alumnos como para nuestra planta docente. En materia educativa, la inclusión y la calidad nunca podrán ser negociables.

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