
La ciudad de los sueños: Denuncia y controversia
Redacción
La ciudad de los sueños, es una de las películas más criticadas de Netflix por las razones incorrectas. Esta película es prima hermana de la infame Sounds of Freedom, de Eduardo Verastegui, una película que al más estilo panista de la historia mexicana, y con los pies bien plantados al piso, afirma, que la intervención estadounidense es una solución a nuestros problemas de inseguridad. Cosa curiosa de City of Dreams, además de ser traída por la misma gente y que toca el mismo tema que su predecesora es que, entre sus filas de productores ejecutivos se encuentran Yalitza Aparicio, Luis Fonsi y Linda Perry (sí, la de 4 Non Blondes).

El guion es claro, ya que con una mano en la cadera te dicen que esta basado en un problema real, en estadísticas y testimonios, y pues sí, tienen razón. Jesús es nuestro protagonista, un niño que es seducido por el mal más grande nuestros tiempos: El capitalismo y el sueño americano. Con la promesa de convertirse en un futbolista profesional, cruza la frontera, pero termina bajo una red de explotación infantil en un taller clandesitno de Los Ángeles, donde cose ropa para la industria de la moda rápida.
La película cuenta con el respaldo y apoyo de la organización A21, la cual desde hace más de 16 años se dedica al combate contra el tráfico humano. No se vieron involucrados directamente en la producción de la película, pero sí la utilizaron como puente para compartir su mensaje: sobre que la esclavitud moderna ocurre a plena vista, pero la gente decide ignorarla.
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Sin embargo. Hablando meramente de lenguaje cinematográfico, la película rasca solo la parte superficial del problema, utilizando la violencia como principal recurso expresivo. Es una cinta difícil de ver, pero por el shock de las escenas y no por lo aterrador del sistema que permite que estas situaciones se sigan dando. Informa, alerta y golpea, pero dedica menos tiempo a explorar las condiciones estructurales que hacen posible el fenómeno. Tienen buenas intenciones, pero cero matices, y cuando tratas algo tan complejo tienes que ser claro.
A esta discusión se suma una controversia externa que no es menor. El director y productor Mohit Ramchandani ha sido acusado por su expareja, la abogada mexicana Patricia del Castillo, de violencia y expresiones racistas. De acuerdo con información publicada por medios estadounidenses, del Castillo presentó una demanda en la que describe episodios de abuso y presuntas declaraciones de odio hacia México. Ramchandani ha negado las acusaciones y sostiene una versión distinta de los hechos. Esta película que busca denunciar la explotación de infancias mexicanas está rodeada por acusaciones que cuestionan la conducta personal de su realizador.







