
Maduro se declara inocente ante tribunal en Nueva York
Redacción
Nicolás Maduro compareció este lunes ante un tribunal federal de Nueva York para enfrentar, por primera vez en suelo estadounidense, los cargos de narcotráfico y otros delitos que pesan en su contra. Vestido con uniforme de prisionero azul y naranja y con los pies encadenados, el exmandatario venezolano se declaró inocente y afirmó haber sido “secuestrado” durante el operativo militar que llevó a su captura en Caracas la madrugada del sábado.

Maduro y su esposa, Cilia Flores, ingresaron al Tribunal del Distrito Sur de Nueva York sin esposas en las manos, lo que permitió un breve saludo con sus abogados defensores. Él es representado por Barry Joel Pollack, conocido por haber defendido a Julian Assange, mientras que Flores es asistida por Mark Donnelly, exfiscal del Departamento de Justicia especializado en delitos financieros. Ambos acusados se declararon no culpables de los cuatro cargos presentados por la fiscalía federal.
Durante la audiencia, que se desarrolló sin cámaras y con acceso limitado a la prensa, Maduro insistió en que sigue siendo el presidente de Venezuela, pese a que las autoridades estadounidenses lo presentan como expresidente y lo acusan de encabezar una red de narcoterrorismo. Entre los cargos se encuentran conspiración para importar cocaína a Estados Unidos, posesión de armas de alto poder y conspiración para utilizarlas contra ese país. En caso de ser hallado culpable, podría enfrentar cadena perpetua.

El juez Alvin Hellerstein, de 92 años, presidió la sesión, que duró menos de una hora. La defensa de Maduro no solicitó libertad bajo fianza, al considerar que las probabilidades de obtenerla son mínimas, aunque dejó abierta la posibilidad de hacerlo más adelante. Antes de concluir, el acusado pidió conservar las notas que había tomado durante la audiencia, solicitud que fue aceptada por el juez. La próxima comparecencia quedó programada para el 17 de marzo.
Mientras dentro del tribunal se desarrollaba el proceso judicial, en el exterior se congregaron manifestantes a favor y en contra de Maduro, sin que se registraran enfrentamientos. La escena reflejaba la polarización que el exmandatario ha provocado durante más de una década, tanto dentro como fuera de Venezuela.
En Caracas, la detención de Maduro abrió un vacío de poder que el gobierno venezolano intentó cubrir de inmediato. La Asamblea Nacional inició el proceso para juramentar a la vicepresidenta Delcy Rodríguez como presidenta encargada, conforme a la Constitución. Rodríguez sostuvo que Maduro sigue siendo el mandatario legítimo y calificó la captura como una agresión extranjera.

La reacción internacional ha sido desigual. Argentina y Paraguay expresaron su respaldo a un cambio de régimen en Venezuela, mientras que México, Brasil, Chile y Cuba rechazaron la intervención militar estadounidense. La presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, reiteró que su país se opone a cualquier forma de secuestro o subordinación y defendió el principio de no intervención.
Desde Naciones Unidas, el secretario general António Guterres manifestó su preocupación por la posible violación del derecho internacional y advirtió sobre el impacto regional que puede tener la acción de Estados Unidos. Al mismo tiempo, el gobierno estadounidense dejó clara su intención de influir en la transición política venezolana y en el control de sus recursos petroleros, lo que ya ha tenido efectos en los mercados financieros.
El proceso judicial contra Nicolás Maduro apenas comienza, pero sus consecuencias políticas ya se extienden más allá de la sala del tribunal, alcanzando a una región marcada por la incertidumbre y por una crisis venezolana que aún no encuentra salida.









