
México y su pequeña pero firme apuesta invernal en 2026
Redacción
México volverá a estar presente en el escenario más exigente del deporte invernal. Del 6 al 22 de febrero de 2026, los Juegos Olímpicos de Invierno Milano-Cortina reunirán a la élite mundial entre Milán y Cortina d’Ampezzo. La delegación mexicana será reducida, pero cada atleta representa una historia de persistencia en disciplinas ajenas a la tradición, el clima y la infraestructura nacionales.
La sede italiana marcará el regreso olímpico de invierno a ese país, veinte años después de Turín 2006. En ese contexto, México competirá en patinaje artístico, esquí alpino y esquí de fondo. No es una apuesta masiva, pero sí consistente: presencia sostenida, continuidad y procesos que no dependen del azar.
Sarah Schleper encarna esa lógica. Tras una carrera olímpica extensa con Estados Unidos, compite por México desde 2018. Milano-Cortina 2026 será su séptima participación olímpica, un registro inusual en esquí alpino. Su experiencia ha dado visibilidad a una disciplina que en el país aún busca bases sólidas.
En esquí de fondo, Regina Martínez y Allan Corona representan una ruta distinta. Ambos se formaron lejos de México, enfrentando desventajas estructurales frente a potencias históricas. Su clasificación confirma que la resistencia y la planeación pueden abrir espacios incluso en terrenos adversos.
El rostro más reconocible sigue siendo Donovan Carrillo. El patinador jalisciense llegará a sus segundos Juegos Olímpicos con mayor madurez competitiva. Tras romper una larga ausencia mexicana en Beijing 2022 y asegurar su pase con un podio clasificatorio en 2025, Carrillo se mantiene como el principal vínculo entre el público nacional y los deportes de invierno.
México aún podría sumar una plaza más en esquí alpino. De concretarse, no cambiaría el tamaño de la delegación, pero sí el mensaje: competir en invierno ya no es una excepción aislada, sino una posibilidad sostenida.







