Dr. Silvino Vergara Nava
05/09/2020 , 8:30 am

Muertes ignoradas por la historia

“[…] la colonización, repito,

deshumaniza aun al

más civilizado de los hombres”.

Aimé Césaire

 

Debido a que nos encontramos en medio de un confinamiento, que pareciera que no tiene fecha de término y que ya atravesó todo el mes de abril, el cual se vivió entre incertidumbres, desconfianza y temor, desafortunadamente, pasaron casi desapercibidas dos fechas emblemáticas para la historia moderna de la humanidad, que deben ser recordadas para que no vuelvan a suceder tales acontecimientos; así como también se ha puesto en relieve, en Sudamérica, el grito de “nunca más” de la serie de hechos sangrientos, genocidios y politicidios, a los que, no obstante, la humanidad ya se está acostumbrando.

Las dos fechas emblemáticas del mes de abril de 2020 son, primero, la que corresponde a la madrugada del 24 de abril de 1915, es decir, al denominado: “genocidio armenio”. En la historia mundial del siglo xx, se reconocen tres genocidios: el que se comenta, el judío y el de los Tutsis en África. Sin embargo, particularmente, el genocidio armenio representó la muerte de, aproximadamente, dos millones de personas entre 1915 y 1920; fue causado por el gobierno turco, el cual, a la fecha, se ha negado a reconocer su responsabilidad, pese a que ya las propias naciones unidas han reconocido esa serie de hechos terribles. Y es de resaltar ese evento tan lamentable en la historia reciente de la humanidad porque, atendiendo a que pasó desapercibido en su momento, fue la justificación de Hitler para decidir sobre la “solución final”, es decir, el exterminio judío, bajo el pretexto de que, según sostuvo: “¿quién recuerda el genocidio armenio?”.

Otra de las fechas que no debe pasar desapercibida (independientemente de que estemos en este confinamiento, que parece no tener fin) es el 30 de abril de 1975, es decir, el fin de la guerra de Estados Unidos de América en Vietnam del Sur y los países aledaños; pues esa guerra perdida por los norteamericanos y casi olvidada por la historia oficial es en la que más bombardeos sucedieron, incluso, en mayor cantidad que los de la segunda guerra mundial. Pero, eso no es todo. Adicionalmente, con la finalidad de acabar con la siembra y el cultivo de los pobladores de esa región, se lanzó el denominado “agente naranja”, un herbicida que, lejos de acabar únicamente con los cultivos y envenenarlos, se extendió a los seres humanos a grado tal que a estas fechas aún hay quienes padecen de graves secuelas de esas sustancias químicas, elaboradas —entre otros laboratorios— por monsanto, aquella empresa norteamericana que ha sido perseguida por la siembra de las semillas transgénicas en todo el mundo. Por tanto, la fecha del 30 de abril de 1975 es la retirada del ejército norteamericano de la capital de Vietnam, después de la muerte —según las estadísticas oficiales— de 500 mil soldados norteamericanos y tres millones vietnamitas.

Estos dos lamentables hechos se relacionan, debido a que, tristemente, el genocidio armenio es el genocidio del olvido; sus responsables nunca fueron juzgados y, como se ha indicado, el gobierno turco lo ha negado rotunda y permanentemente en toda su historia reciente como nación; es decir, no hubo un poder judicial ni tribunal que resolviera sobre esos lamentables sucesos.

En el caso de la guerra de Vietnam, desde luego que no han sido juzgados los responsables de ese genocidio, tampoco reconocido por la historia mundial; menos aún, han acudido generales o participes del gobierno de Estados Unidos de América a un tribunal o a un poder judicial para ser juzgados por las lamentables muertes en masa de los pobladores de un país que fue invadido por ser culpable de encontrarse situado en una posición estratégica para lo que fue la guerra fría.

Si estos hechos no son juzgados, como se ha sostenido en las últimas doctrinas sobre derechos humanos, se corre el riesgo que vuelva a suceder algo semejante. Es necesario que se juzguen esos hechos, que se abran los informes y expedientes, que funcionen los juzgados prestos para hacer justicia; porque el poder judicial es el contrapeso de la arbitrariedad de la administración pública; la cual, normalmente —como lo indica la historia— es la mayor causante de esos sucesos.

Pues bien, ambos lamentables genocidios pasaron sin ser juzgados. Hoy estamos viviendo un confinamiento mundial, en donde se han cerrado todas las actividades que no resultan estratégicas, a decir del sistema mundial. Entre ellas, en todo el mundo occidental se cerraron aquellos palacios que son los que juzgan a los responsables de los crímenes, es decir, el poder judicial de todos los países se encuentra más que clausurado por el peligro de la pandemia, y la orden es que solamente sea la administración pública de cada nación la que se las arregle como pueda y quiera para afrontar esta enfermedad. Bien parece que la historia de la humanidad ha conjuntado estos tres sucesos bajo una regla máxima: el sistema nunca ha querido a los jueces.

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