Pierde fuerza Infantino tras rechazo a su proyecto en la FIFA
A la cabeza de la FIFA desde hace diez años, Gianni Infantino ha impulsado diversos proyectos polémicos, hasta el anuncio de la semana pasada de abrir los eventos de la instancia a la inversión privada, una iniciativa que finalmente fue cancelada y que podría haberle costado caro al dirigente.
Considerado prácticamente indestronable, el italo-suizo de 56 años, quien también posee la nacionalidad libanesa, se encuentra ahora en la mira de la UEFA, la confederación europea que calificó su proyecto como “cutre”, y de la Concacaf, que agrupa a las federaciones de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe, y que consideró la propuesta como “el reflejo de un liderazgo que ha dejado de poner al fútbol en primer lugar”.
Aunque el dirigente políglota dio marcha atrás con la iniciativa, sus detractores no han detenido la presión.
El lunes, las federaciones de Gales y Suecia anunciaron que no apoyarán a Infantino en las próximas elecciones a la presidencia de la FIFA, que se celebrarán en Marruecos en marzo próximo y en las que, hasta ahora, es el único candidato.
Estos posicionamientos eran inéditos e inimaginables hace menos de dos semanas, después de que Infantino calificara al Mundial 2026 como “el mejor Mundial de la historia”, un torneo que parecía haber reforzado su dominio sobre el fútbol mundial, al que busca “liberar su potencial comercial”.
Llegado discretamente a la presidencia de la FIFA en 2016, el exsecretario general de la UEFA consolidó rápidamente su poder y fue reelegido sin oposición en 2019 y 2023.
Excesos
“Restaurar la imagen de la FIFA” y “hacer que el fútbol sea realmente mundial” son dos de las principales ambiciones del dirigente italo-suizo, quien pretendía convertirse en una garantía de integridad y de igualdad de oportunidades en el deporte más popular del mundo.
Sin los escándalos que provocaron la caída de su predecesor, Sepp Blatter, y del expresidente de la UEFA, Michel Platini, a finales de 2015, pocos expertos habrían apostado por este jurista sin pasado deportivo para dirigir la organización con sede en Zúrich.
De moverse en las sombras a exponerse cada vez más ante los reflectores, Infantino ha protagonizado episodios controvertidos, como la defensa de Catar ante las críticas por derechos humanos antes del Mundial 2022, cuando afirmó haber sido “discriminado” en su infancia por ser italiano en el cantón suizo de Valais, o cuando dijo haberse “inspirado” en la recuperación de Ruanda tras el genocidio de 1994 durante la campaña electoral de la FIFA en 2016.
En diciembre pasado, incluso sustituyó a la Fundación Nobel al crear el Premio de la Paz de la FIFA, con el que reconoció a Donald Trump.
Sus vínculos con el mandatario estadounidense también han sido cuestionados, especialmente después de que la FIFA levantara la suspensión al atacante Folarin Balogun en los octavos de final del Mundial 2026, una medida en la que Trump aseguró haber intervenido.
“Populista”
Sin embargo, Infantino no pareció debilitarse por ese episodio ni por otras polémicas surgidas durante el Mundial, como la implementación de pausas de hidratación con impacto económico para los anunciantes.
Pero el anuncio del pasado martes de abrir la puerta a inversores privados parece haber sido un punto de inflexión que ahora amenaza con debilitar a quien hasta hace poco parecía intocable.
La oposición ha crecido incluso dentro de su círculo cercano, como lo evidenció la renuncia de su principal asesor, Carlos Cordeiro.
La UEFA recurrió a una de sus mayores herramientas de presión: la amenaza de boicotear futuras competiciones de la FIFA. El esloveno Aleksander Ceferin, presidente de la UEFA, mantiene una relación distante con Infantino y calificó de “populista” la forma en que el dirigente promovió en 2021 su proyecto de organizar un Mundial cada dos años, una idea que fue abandonada meses después.
Ese ha sido uno de los pocos proyectos a los que Infantino ha renunciado por completo, después de conseguir ampliar el Mundial de 32 a 48 equipos, no en 2022 como pretendía, sino a partir de la edición de 2026.
Ahora busca ir más allá con una posible ampliación a 64 selecciones para 2034.
El año pasado también puso en marcha su esperado Mundial de Clubes con 32 equipos.
Las competiciones ampliadas han permitido que la FIFA incremente sus ingresos. En su objetivo de “hacer que el fútbol sea realmente mundial”, Infantino ha destinado parte de esos recursos a las federaciones nacionales, especialmente a las de menores ingresos, una estrategia que también ha fortalecido su posición al frente del organismo.
La incógnita ahora es si esos apoyos serán suficientes para que conserve el poder, pues Infantino nunca había llegado tan debilitado al frente del fútbol mundial.







