Jorge Jiménez Alonso
11/09/2020 , 9:44 pm

Retornar a la naturaleza

Vengo pleno de amor, vitalidad y optimismo de mi viaje a Tecolutla, donde llevé a cabo mi meditación anual que llamo “CONVERSACIONES CON EL MAR”. A partir del jueves y hasta el domingo 1 de noviembre, 40 amigas y amigos del grupo convivimos plenamente con el mar, con el sol, con el aire y la naturaleza; en un ambiente de fraternidad espiritual y solo con la finalidad de meditar con el mar.

Independientemente que se lograron los objetivos con creces, pretendo reflexionar contigo, Puebla, en torno a las circunstancias de pandemia que estamos viviendo, y que en mucho nos han llevado a vivir con miedo y escepticismo y nos ha desequilibrado a la mayoría, obligándonos a vivir con medidas cautelares en extremo para cuidar la salud, mientras no se encuentre la solución total a la contingencia sanitaria, ya sea a través de una vacuna o bien de un medicamento.

Lo primero que me hizo reflexionar al respecto fue a la salida de nuestro viaje, todos cubiertos de la cara y con mascarilla, sanitizados al entrar al autobús y con las suelas de los zapatos mojadas de cloro. Así viajamos durante la noche del jueves, envueltos en “nuestras precauciones”. Ya para el desayuno del viernes en el club de playa de nuestro acogedor hotel “Real del Mar”, a la orilla de la playa, decidimos quitarnos el tapabocas y convivir con mayor naturalidad, toda vez que los 40 asistentes nos hemos cuidado y protegido, ingiriendo los 3 tés que tienen la base del Interferón: manzanilla, diente de león y verde (recomendación hecha por médicos italianos) acompañados de una cápsula de selenio (recomendado por un médico militar americano en retiro) además del dióxido de cloro. Así, caminamos la mayor parte del tiempo descalzos, en contacto con la tierra y nos bañamos con la luna más hermosa que despidió octubre.

Este fue un experimento de “conspiración” premeditada. Nuestro viaje normal de cada año a Tecolutla es a finales de agosto, por cuestiones del tiempo, que es agradable. Nunca habíamos ido a fines de octubre, en donde “los nortes” y los huracanes se suceden, como en efecto ocurrió, ya que el jueves 29 de octubre por la noche, en que salimos, había entrado el norte a Veracruz.

Además tuvimos que vencer muchas resistencias familiares y de amigos que nos pedían suspenderlo por la contingencia. Nada valió, nosotros partimos con fe, devoción y sobre todo sin miedo. Para esto nos habíamos preparado, física, mental, emocional y espiritualmente, y sabíamos que al llegar nos esperaban los mejores médicos que existen: el doctor mar, el doctor sol, el doctor oxígeno y el doctor paz. Y tuvimos un agregado más, un ángel que surgió entre nosotros para aplicarnos los magnetos y la sabiduría del bio-magnetismo, la Dra. Ana Luisa González Méndez, acompañada de su esposo Ing. José Luis Gordillo Ángeles, quien diligentemente fungió como asistente.

Estoy seguro, hoy más que nunca, que el retorno a la naturaleza es un imperativo ante esta contingencia. Ella, pese a haberla depredado inmisericordemente está viva y amorosamente nos espera para fundirnos con su amor y curarnos tanto material como espiritualmente, lo único que necesitamos es quitarnos el miedo en que estamos viviendo y tener FE, entendiendo que nada sucede sin un plan Divino que dirige todo.

Tenemos el ejemplo milenario del Japón, con su famosa práctica del shinrin-yoku o “baño de bosque”, que permite que la naturaleza penetre en el organismo generando un amplio bienestar y reduciendo el cortisol, que nos mata y es el causante del estrés, previniendo el infarto. En Escocia desde octubre del año pasado ya es oficial, recetan viajes al bosque y al mar para reducir las enfermedades cardiovasculares, presión arterial alta, diabetes y mejorar el sistema inmunológico.

¡TE INVITO PUEBLA A RETORNAR A LA NATURALEZA!

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