12/30/2021 , 12:25 pm

Tómesela con calma



A veces podría uno rayar en la imprudencia, en convertirse en la aguafiestas, pero no está por demás insistir en hacer un recuento de recomendaciones, en los terrenos de la salud y la economía.

Y es de que el mundo está de cabeza en estos 2 terrenos a partir de que surgió en nuestras vidas el detestado bicho asiático identificado como coronavirus o covid-19 que después mutó a Delta y ahora a Omicron.

Al último corte el virus se ha propagado en 200 países con un total de 285 millones de contagiados acumulados y 5 420 mil millones de muertos, hasta el penúltimo día del 2021.

Números de los que si usted se niega a sumarse como una estadística más, es el momento de recordarle que la pandemia no ha concluido, que las nuevas variantes se contagian más rápidamente, y afortunadamente menos agresivo aunque alcanzan hasta a los vacunados que incluso llegan a perder la vida.

La pandemia demostró que ningún país, ni rico y poderoso, ni pobre y desvalido ha podido prepararse para enfrentar una contingencia sanitaria que cíclicamente se dan a lo largo de la historia.

La magnitud de la epidemia rebasó a todos los sistemas de salud, hasta los de los países más avanzados y civilizados que se encierran, salen, vuelven a encerrarse y así llevan 2 años, hartando a todos los grupos de la sociedad que aspira a salir para convivir y volver a disfrutar de la vida sin limitaciones.

Es conveniente tener claro que todos los recursos han resultado insuficientes para atender la crisis sanitaria.

En la totalidad de los países todos, “la sociedad” no ha escatimado en hacer reproches y reclamos a sus gobernantes.

En “todos” la pandemia le ha pasado la factura a los sistemas de producción, que a su vez tuvo que adelgazar el empleo y dejar en la orfandad a millones de personas que engrosaron los ejércitos de pobres y más pobres.

En este contexto hay que insistir en las reglas básicas para no dejar pasar al bicho: usar cubrebocas y careta (aunque el presidente diga que no hace falta)

El lavado de manos debe de ser permanente.

Debemos de mantener vigente la sana distancia, y si se puede, mejor “quedarse en casa” porque está comprobado que hasta los vacunados 2 veces también se contagian y llegan a perder la vida.

Esto hay que tomarlo en cuenta ya como una nueva forma de vida.

Y si no hay disciplina para aplicar estas recomendaciones, el impacto puede ser mayor con millones de empleos anulados, un mercado laboral empobrecido, sociedades empobrecidas, con hambre y retroceso entre millones de familias que producto de la cultura del esfuerzo comenzaban a salir adelante decorosamente con mucho trabajo.

En México vamos a cerrar con la inflación del 8 por ciento, la más alta de las últimas 3 décadas. Y lamentablemente las cosas no paran ahí, nos acercamos a una cuesta de enero que seguirá produciendo más hambre, más pobres y la aniquilación de sueños y proyectos trazados para enriquecer y enorgullecer a un país.

Por eso, más vale despedir al 2021 en casa, con sana distancia, y no deslumbrarse con atractivas promociones, ofertas y descuentos, porque además para México viene una línea dura de fiscalización, y el encarecimiento de las tasas de interés del financiamiento vía tarjetas de crédito.

¿Para que meterse en más problemas?

Pero aún así le propongo ver hacia adelante con entusiasmo en actitud de defensa propia.