Veronique DUPONT| AFP
08/21/2017 , 1:00 pm

Un barrio de Los Ángeles lucha contra la elitización

Los Ángeles, Estados Unidos.- Una mañana Eva Chimento estaba por abrir su galería de arte en el barrio latino Boyle Heights de Los Angeles, cuando se encontró con la puerta ligeramente abierta.

En una segunda ocasión le forzaron la cerradura.

Poco después fue invitada por el grupo de mujeres Ovarian Psychos (Psicóticas ováricas) a una reunión comunitaria para “hablar sobre la gentrificación”, término que designa el proceso de elitización residencial, que a menudo comienza con la llegada de artistas y galerías en busca de espacios amplios con alquileres bajos.

Luego abren tiendas modernas y restaurantes. Al cabo de un tiempo, los alquileres aumentan y los residentes originales del barrio se ven obligados a mudarse y dar paso a otros de mayor nivel adquisitivo.

Cuando le tocó el turno de hablar, fue tratada con hostilidad y agredida verbalmente.

“Fue horrible, me insultaron”, cuenta a la AFP Chimento, quien cree que esos incidentes ilustran un patrón de acoso por parte de activistas de la comunidad que buscan frenar la llegada de nuevos residentes al barrio.

La puerta del local de otro galerista, Mihai Nicodim, fue también forzada y la fachada pintarrajeada con frases insultantes como “¡Que se joda el arte blanco!”. Las inauguraciones de exposiciones eran saboteadas por manifestantes.

“Todo este tiempo tuve a un artista chino en exhibición. Represento a un sudafricano, a artistas locales”, dijo Nicodim, quien ha vivido en Boyle Heights durante décadas desde que llegó a Estados Unidos sin un centavo como refugiado rumano.

Fotografía: Frederic J. Brown/ AFP

Fotografía: Frederic J. Brown/ AFP

Los empresarios son solo una parte del creciente número de agredidos en la batalla de galerías, cafeterías y otros nuevos negocios con activistas que temen que su comunidad se vea amenazada por la ola de gentrificación.

A unas cuadras de las galerías vive Irma Aguilar, cuyo alquiler subió de mil dólares a mil 800 al mes y corre el riesgo de perder el apartamento en el que ha vivido durante 20 años.

“¿Qué quieren que hagamos con todas esas galerías? No vamos a comprar pinturas. Nuestra comunidad necesita escuelas”, dice la mujer de 43 años.

– Demasiado “hipster” –

“Históricamente, los barrios interiores de Los Ángeles han sido de clases trabajadoras y pobres. La gente rica vivía en los suburbios, más lejos”, dice el planificador urbano y activista James Rojas. “Ahora, los jóvenes ricos se quieren mudar a la ciudad. Comenzó a inicios de la década de 2000”.

Ahora Los Ángeles vive una burbuja inmobiliaria y una crisis de viviendas y de personas sin techo.

Su zona céntrica, una vez tierra de nadie, se ha convertido en una de las más movidas del país. Boyle Heights, a unos kilómetros de distancia, es su siguiente parada.

La tensión entre la comunidad y los nuevos residentes aumentó hace unas semanas con la apertura de Weird Wave Coffee, un local que algunos consideraron demasiado “hipster” y al que recibieron con manifestaciones y pintadas en sus ventanas.

“No tenemos intención de aburguesar el barrio, solo queremos vender café”, afirma Jackson Defa, uno de los dueños de este negocio con una larga barra, paredes decoradas por artistas locales y un afiche del boxeador filipino Manny Pacquiao.

– Rebelión –

Pese a esos problemas, Defa no se arrepiente de haber elegido Boyle Heights.

Fotografía: Frederic J. Brown/ AFP

Fotografía: Frederic J. Brown/ AFP

“Después de que nuestras ventanas fueron vandalizadas, todo el barrio donó dinero para pagar la reparación”, cuenta. “Hay gente a la que le gustaría decir que no somos bienvenidos, pero los hechos demuestran lo contrario”.

Pero galerías como Pssst terminaron cerrando por el hostigamiento. Un desenlace que fue visto como una victoria por “Defend Boyle Heights”, un grupo de activistas que lidera la rebelión contra la gentrificación.

Chimento, que abrió su galería con un reducido presupuesto para canalizar su pasión por el arte, no piensa hacer lo mismo.

Dice entender la necesidad de alquileres baratos, pero enfatiza que nada funciona sin “diálogo y compromiso”.

Otros residentes son pesimistas frente a lo que ven como una ola irrefrenable de negocios que conducirán, finalmente, a la gentrificación.

Elizabeth Blaney, miembro de la asociación de defensa de los residentes locales “Unión de Vecinos”, considera que las galerías y otros comercios que contribuyen al aburguesamiento de los barrios deben asumir su responsabilidad.

“No apoyamos la violencia pero es necesario que se entienda que esta gente lucha por su vivienda”, dice Blaney. “Es un acto de violencia poner a cualquiera en la calle”.

 

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